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La
esfinge de Giza y sus enigmas
Pedro Meluzá López
Han transcurrido casi cuatro mil años desde la construcción en Egipto de la
Esfinge de Giza, Patrimonio Cultural de la
Humanidad, y aún es un misterio por
qué y para qué se erigió.
Sin
embargo, en algo coinciden historiadores y científicos: durante
la edificación de la pirámide de Kefren por el faraón así
nombrado, sobró un bloque de piedra calcárea y el soberano
ordenó esculpir su propia cara con la forma de león.
Medía más de 60 metros de largo y 17 de alto en sus inicios,
aunque la erosión causada por la arena del desierto y las aguas
desbordadas del cercano río Nilo, le han quitado algunas
pulgadas.
¿Para qué estuvieron unos 60 mil hombres más de 15 años
levantando y tallando la inmensa mole? La tesis más aceptada
indica que Kefren quería la Esfinge para personificar al sol y
como guardián de su eterna morada.
La
extraordinaria obra de arte, declarada por la UNESCO en 1979
Patrimonio Cultural de la Humanidad como parte del área de
pirámides, presenta en la actualidad dos grandes heridas, pues
le faltan la nariz y la barba.
Ambas partes
del rostro tuvieron destinos diferentes. La primera fue blanco
de la artillería francesa en la guerra por apoderarse en 1799 de
Egipto. La segunda, nadie sabe cómo fue a parar a Londres, pero
se lo imaginan, cuyo gobierno se niega a devolverla aduciendo
prohibiciones judiciales.
Asentada en
la meseta de Giza, en el norte egipcio y muy cerca de la
capital, El Cairo, se calcula que su construcción comenzó en el
año 2550 antes de nuestra era y concluyó en 2535. No obstante,
estudiosos europeos fijan la fecha en varios años antes. |