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Locos por el
tomate
Lucía Sanz Araujo
Fotos: Raimara
Sus frutos
son sumamente dañinos, pues quienes los comen se vuelven locos,
se lee en El manual completo de jardinería y horticultura
editado en Dinamarca, en 1774. Esa planta tan temible era, nada
más y nada menos que…. el tomate.
Llevado a
Europa por los colonizadores hispanos, fue cultivado en tiestos
y jardines para adornar glorietas y terrazas, antes de ser
aceptado como alimento.
En Rusia se
le llamaba baya perruna, fruto del pecado o baya rabiosa. No se
conoce el nombre del primero en atreverse a probarlo, pero estoy
segura de que muchos le considerarían un héroe al no dudar en
arriesgar su vida.
Dos naciones
americanas: México y Perú, son consideradas su patria de origen,
y en la última se consideraba símbolo de buen augurio y no podía
faltar en los banquetes nupciales.
Originalmente
crecía silvestre, de lo cual dan fe numerosos documentos. La
planta, considerada venenosa por pertenecer a la familia de las
solanáceas, daba pequeños frutos del tamaño de las cerezas,
hasta que los agricultores hicieron selecciones que dieron lugar
a otros más grandes y apetitosos.
Ambas
variedades fueron embarcadas a Europa, y en el siglo XVI, los
españoles la rebautizaron, adoptando el nombre azteca tomatl,
que devino tomate.
Hoy, no se
concibe la cocina sin su colaboración ya sea acompañando a un
plato de espaguetis, perros calientes, guisos, con pan de payés
catalán, en una típica sopa española nombrada gazpacho o en una
simple ensalada.
Al sabroso
fruto se le han atribuido poderes afrodisíacos, de filtro
mágico, e incluso en la antigua Alemania se decía que si dos
personas de sexo opuestos lo comían juntos acababan por
enamorarse.
Más allá de
las leyendas, lo cierto es que el tomate proporciona sólo 22
calorías por cada 100 gramos Contiene vitaminas A, B, C y E,
sales minerales y sustancias como caroteno, ácido fólico,
flavonoides, inhibidores de la proteácea y terpenos, con efectos
benéficos para la salud por sus cualidades antioxidantes,
bactericidas, anticoagulantes, antiflamatorias e
inmunoestimulantes.
Además,
contiene selenio, que mantiene la elasticidad juvenil de los
tejidos y coadyuva al tratamiento y prevención de la caspa.
Aliado
contra el cáncer
Según estudios recientes, el
tomate puede reducir de manera significativa el riesgo de
contraer diversos tipos de cáncer.
Se sabe que es rico en licopeno,
pigmento vegetal de la familia de los carotenoides, que posee
propiedades antioxidantes y su consumo habitual contribuye a
prevenir y reducir cánceres como el de próstata, pulmón y el
tracto digestivo.
Por otra parte, el consumo
habitual no también previene del cáncer de esófago, páncreas,
mama, colorectal, bucal y cervical de acuerdo a las
investigaciones del Doctor Edgard Giovanucci, de la Facultad de
Medicina de Harvard, Estados Unidos. Este experto ha comprobado
que quienes ingieren salsa de tomate una vez a la semana reducen
el riesgo de sufrir esa clases de tumores en un 10 o 15%, y
llegan hasta el 30% si su consumo aumenta a dos veces a la
semana.
De sus más de 10 mil compuestos
fotoquímicos, los científicos de la Universidad del Cornell, en
Nueva York, informan que sobresalen los ácidos p-curámico y
clorogénico, que reduce la formación de nitrosamina y
nitrosamidas, sustancias de probado poder cancerígeno,
originadas en los alimentos que para su conservación han sido
tratado con nitrito o sal.
El investigador Joseph Hotchkiss,
del centro ante citado, ha comprobado que quienes beben
asiduidad jugo de tomate presentan niveles de nitrosaminas por
debajo de la media.
PIES DE
FOTOS.
1-
El licopeno, pigmento vegetal de la
familia de los carotenoides, otorga al tomate su característico
color rojo.
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