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Bahía,
bahía nuestra
Lucía Sanz Araujo
Fotos: Luis Pérez y Archivo
Vivimos cerca, muy cerca de ella, en el Reparto Versalles. Es
cotidiano para nosotras disfrutar del hermoso paisaje que nos
brinda la bahía de Matanzas; por eso, a veces
no valoramos la
inmensa
dicha de observar el mar todos los días. Contemplarlo nos brinda
tranquilidad, seguridad y un gran placer.
Eso nos contaron Anabel
Hernández Lara y Jennifer Bello Martínez, a quienes conocimos
durante la XI Jornada Científica Infantil del Acuario Nacional
de Cuba, donde expusieron una ponencia que atrajo la atención de
los participantes por su rigor y sus propuestas.
Cuando circule esta edición, Anabel, que es delegada al IV
Congreso, ya estará en su nuevo centro de estudios: el IPVCE
Carlos Marx; en tanto su amiga cursará el noveno grado en la
ESBU Reynold García, en la llamada Atenas de Cuba. Casi a dúo,
ellas contestaron nuestras preguntas.
— ¿Cómo surgió la idea de realizar este trabajo?
Anabel:Decidimos hacer una investigación sobre nuestra bahía
para ampliar nuestros conocimientos y darlos a conocer a
familiares, amigos y vecinos, pero, sobre todo, a fin de
elaborar un plan de acción encabezado por los pioneros, y así
mitigar los daños y agresiones que le causamos consciente o
inconscientemente.
Sus antecedentes están en un trabajo que realizamos en el área
protegida Valle de Yumurí y en otro de la asignatura Geografía
de Cuba. Ambos nos motivaron y sirvieron para realizar un
estudio de la bahía de Matanzas, una zona de gran importancia
histórico-geográfica-económica. Este trabajo nos ha permitido
ampliar y consolidar los conocimientos sobre Geografía y
Biología.
—¿Qué aspectos abordan?
Jennifer: Exponemos las características físicas, geográficas y
ambientales de ese cuerpo de agua. Analizamos sus principales
focos contaminantes y la gestión ambiental que se hace. Queremos
destacar el apoyo de los especialistas del Ministerio de
Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, quienes nos brindaron
documentación y asesoraron todo el tiempo.
—¿Pueden referirse a algunos elementos significativos de la
investigación?
Jennifer: Desde el punto de vista hidrológico, la calidad de las
aguas de la bahía de Matanzas resulta aceptable si la comparamos
con las de La Habana y Santiago de Cuba.
Existen dos focos de contaminación: uno en la desembocadura de
los ríos San Juan y Yumurí, y otro en la zona portuario
industrial. Como resultado del desarrollo industrial acelerado
que ha experimentado la zona en los últimos años los ecosistemas
de la bahía de Matanzas y los ríos que en ella desembocan, en
especial el San Juan, han perdido su valor de uso. ¿Cómo se
manifiesta? En la reducción de las áreas de baños de mar y
recreación. Existen en la desembocadura del San Juan muy malas
condiciones higiénicas que incluso podrían provocar afectaciones
para la salud de la población.
Una zona bien sensible es la playa El Judío, muy visitada
durante el verano.
—¿Qué proponen en concreto?
Anabel: Elaboramos un Plan de acción en el que los pioneros
somos los protagonistas, con el apoyo de nuestros profesores
guías y personal de la Unidad de Medio Ambiente del CITMA.
Este comprende, entre otros, la creación de círculos de interés
para ampliar los conocimientos e interactuar de forma concreta y
eficiente; la localización de los principales focos
contaminantes y debatir las medidas para eliminarlos.
También, recurrir a los medios de comunicación para extender
nuestro mensaje a la mayor cantidad de personas; asistir a las
reuniones de los CDR cercanos a la bahía y allí plantear la
necesidad de protegerla.
Dentro del colectivo, a nivel de destacamento, debe
desarrollarse un movimiento donde participen todos los pioneros.
¿Qué haríamos? Preparar y repartir pancartas y boletines donde
expliquemos la situación ambiental de la bahía y llamemos a
protegerla; participar en los concursos convocados por el
programa de Educación Ambiental; montar exposiciones y organizar
conversatorios a cargo de especialistas del CITMA. El
intercambio directo con quienes conocen a fondo este tema puede
motivar a muchos alumnos desde el punto de vista vocacional.
Una vez al mes funcionarían brigadas de saneamiento, algo así
como una FAPI ambiental para recoger los desechos, sanear los
alrededores, hacer trabajo de concientización entre los
vecinos…Muchas cosas pueden hacerse.
De esta forma pretendemos dar nuestra contribución para detener
el deterioro de la bahía y los ríos que atraviesan nuestra
ciudad. Debemos extender a otras escuelas primarias y
secundarias de nuestra localidad este plan. Así, haríamos
realidad las palabras de José Martí: Los que sienten la
naturaleza tienen el deber de amarla. |