|
Una
aventura singular
Gladys J. Gómez
Foto: Archivo
Ilustración:
Tomada del libro Con el Che por Sudamérica
La
naturaleza esencialmente humana del Guerrillero Heroico Ernesto
Guevara de la Serna, nuestro querido Comandante Che Guevara,
se evidencia en el libro Con el Che por Sudamérica,
de Alberto Granado, su amigo y compañero de viaje en esa
insólita aventura que le llevó a redescubrir la América Latina.
Entonces, a
los 23 años, traspasa las fronteras argentinas para adentrarse
con pasión y curiosidad a ese vagar sin rumbo por
nuestra Mayúscula América como le llamó.
Hemos
seleccionado fragmentos de las notas de Granado que sirvieron de
inspiración al director Walter Salles para su película
Diarios de motocicleta, vista en nuestras salas de cine y en
la televisión, y merecedora de numerosos premios en festivales
internacionales, y en particular la canción tema Al otro lado
del río.
El filme muy bien acogido por el público cubano fue toda una
recreación de paisajes, regiones, etnias y culturas que
conforman nuestro continente.
El viaje duró más de un año y recorrieron alrededor de 12 000
kilómetros desde Argentina, Chile, Perú y Colombia hasta
Venezuela.
Te sugerimos
buscar en la biblioteca de tu escuela o en la de la comunidad
este fascinante libro, publicado por la Casa Editora Abril, que
te permitirá conocer las vivencias de tan excepcionales
protagonistas.
UNA DE LAS CARAS DE LA MONEDA: LA EXPLOTACIÓN YANQUI DEL COBRE
Antofagasta,
marzo 11
Hoy, como a
las 2:00 de la mañana, llegamos a Antofagasta. Estuvimos
trabajando en el atraque del barco y cuando llegó la comisión de
registro nos escondimos en el camarote del capitán. ¡Era el
último lugar donde se les podía ocurrir buscar a dos polizones!
Salimos a
conocer la ciudad. Para poder entrar de nuevo dijimos que
habíamos llegado por ferrocarril, y que veníamos a buscar una
carga que estaba en el barco.
A pesar de
que el mayordomo, que es un amargado, no nos puede ver por la
deferencia que tiene todo el mundo en el barco con nosotros,
desde el capitán hasta el último de los grumetes, seguimos
viviendo en el barco hasta ver si resolvemos el viaje a
Chiquicamata pues irnos de Chile sin conocer las salitreras y
las minas de cobre sería quitarle la verdadera sal al viaje.
EN EL PAÍS DE LOS INCAS
Tacna, marzo
24
Una vez
terminados los trámites aduaneros y consulares, salimos a
conocer la ciudad. Es sumamente pintoresca se diferencia
notablemente de Arica, que está apenas unos pocos kilómetros al
sur. La influencia quechua o aymara es ya muy acentuada en
muchos aspectos de la vida. Las calles céntricas a medida que se
acercan a las afueras del pueblo se transforman en callejuelas
que serpentean entre pequeñas chacras. Como una remembranza del
sistema incaico no existen las cercas de alambre, únicamente los
cañaverales, los granados e higueras separan las diferentes
heredades.
En el
trayecto encontramos varias cholas* montadas en burro, y con la
vestimenta típica que nosotros solo hemos visto en cuadros o en
festivales folclóricos: grandes polleras, poncho y el típico
sombrero de hongo.
Llevaban al
mercado el producto de sus cultivos: sandías, zapallos,
plátanos, ajíes, ocumos, etcétera.
Nos dimos
una hartada de higos y uvas, pero nos quedamos con las ganas de
comer granadas, pues son el plato preferido de los pájaros de la
zona. Dejan la parte externa del fruto aparentemente intacta,
pero todo lo demás es devorado por las aves a través de un
pequeñísimo agujero casi imperceptible.
ERNESTO NO SABE MENTIR
El Rancho,
mayo 19 (camino a Pucallpa)
Hoy salimos
de Lima, donde estuvimos veinte días. El balance de cosas y
personas conocidas es favorable.
No me
dedicaré a describir la ciudad, sino los aspectos que más nos
admiraron. Uno de ellos es el Museo Arqueológico y
Antropológico, obra del doctor Tello. Es asombrosa la belleza de
las obras que hemos visto de las diferentes civilizaciones que
formaban el antiguo reinado de los incas. La habilidad textil de
los paracas; el arte pictórico de los chancas rivaliza con la
gracia de la expresión y la belleza del colorido de la alfarería
Muchick o Chimú.
[…] Una vez
más me sorprendió la cantidad de conocimientos de Ernesto, de
los cuales solo hace gala en el momento preciso. Así, cuando nos
encontramos frente a los cuadros de arte moderno, dije al Pelao**:
-Yo aquí
paso, esto no lo entiendo, ni sé diferenciar un mamarracho de
otro.
Fúser***,
con esa seriedad socarrona que toma en las circunstancias en que
tiene que demostrar conocimientos que nadie sabe que posee, me
respondió:
No estoy de
acuerdo con eso. En primer lugar, para que una cosa te guste no
hace falta siempre entenderla, en segundo lugar, si te ponés a
observar eso que vos llamás mamarrachos, vas a ver que algunos
te gustarán más que otros, y estoy casi seguro de que los que
más te van a gustar son los mejores. […]
*Mujer indígena descendiente de aymara o quechua.
**Apodo del Che.
***Apodo del Che, apócope del Furibundo Guevara
de la Serna, como le llamaban por su tenacidad y falta de temor
en el juego de rugby.
|