El Taj Mahal
Gladys J, Gómez Regüeiferos
Foto: Revista India Perspectivas
La grandeza del
amor y los trágicos sucesos que provoca la muerte inesperada, al
truncar un feliz destino, han sido motivo de inspiración para
literatos y compositores, quienes han logrado insuperables obras
maestras.
Quizás recuerdes a Romeo y Julieta, de William
Shakespeare y la ópera Otelo de Giuseppe Verdi. Ficción o
realidad ninguna ha rivalizado con el monumento funerario más
hermoso y famoso: el Taj Mahal.
Situado en la ciudad de Agra, en la India, nunca
antes se conoció mausoleo de tal magnificencia, dedicado a la
memoria de un ser amado. Su existencia se debe al emperador
musulmán Sha Jahan, desconsolado ante el fallecimiento de su
esposa Mumtaz, en el parto de su decimocuarto hijo.
Fue construido en el siglo XVI, durante el
período Mughal, cuando la arquitectura alcanzó su máximo
esplendor en la nación asiática, debido a la influencia
musulmana.
Su inicio se remonta al año 1631. Tardó
diecisiete años en completarse. Se utilizó el mármol blanco, de
Markhana, traído desde el estado de Rajasthan, preciosamente
tallado con la delicadeza de un encaje. Decoran sus paredes la
caligrafía islámica, elemento característico de la arquitectura
musulmana. Le adornan, además, manojos florales elaborados con
incrustaciones de piedras semipreciosas, solo al tacto nos damos
cuenta que no son naturales, por su fiel imitación.
Para ello se emplearon jades, amatistas, ámbar
amarillo, ágata, topacio, jaspe, lapislázuli y muchas más,
procedentes de Asia Central, del Tibet, Afganistán y otros
estados de la India.
Este increíble palacio, junto a dieciséis sitios
históricos y culturales de la India, pertenece al Patrimonio
Mundial. Recibe miles de visitantes anualmente. Los eruditos han
comentado: el Taj Mahal parece haber sido construido por
gigantes y terminado por joyeros.
Sha Jahan, derrocado por su hijo, estuvo cautivo
hasta su muerte, contemplando desde su habitación de
confinamiento, en el fuerte Red Fort – otra edificación valiosa-
la joya para su amada, cuyo inconmensurable amor estimuló y en
triste compensación, le hace eterna su presencia, esperando el
momento de acompañarla por toda una eternidad.
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