Margarita Hernández
Salgado Para el mundo hispano-parlante
la palabra jirón significa entre las acepciones más usadas:
pedazo o desgarro del vestido o ropa. Parte o porción pequeña de
un todo.
Sin embargo, para los cubanos Girón, si,
así con G bien mayúscula, tiene un especial sentido y lejos de
ser la porción pequeña de un todo, es por el contrario, la
porción grande de algo mayor como lo es la existencia de nuestra
Revolución.
Incluso su alcance no sólo es para los que estamos en la Isla
fiel a su historia y a su rumbo. Para muchos de los que
emigraron en los primeros dos años del triunfo revolucionario,
era lo que esperaban ansiosamente para volver con sus maletas,
que se han añejado de tanto esperar. Era “Crónica de una muerte
anunciada” de la que no había ninguna posibilidad, frente al
todopoderoso imperio. La suerte estaba echada.
Cómo un pequeño país asediado por una
“guerra” económica, biológica, diplomática, psicológica,
política podría no ya vencer, ni siquiera resistir ante esta
embestida preparada, organizada y financiada por la poderosa
Agencia Central de Inteligencia (CIA). Con antecedentes a su
favor, como lo fue con la “atrevida Guatemala de Arbenz” sólo
siete años antes.
Pero una vez más la razón, las ideas, los
principios, esos, que desde el fondo de una cueva pueden más
que un ejército como expresara nuestro Héroe Nacional José
Martí, hicieron la hazaña. Cuba, cual David, se levantó frente a
Goliat y en menos de lo que nadie fue capaz ni de pensar, se
derrotó al coloso.
Han transcurrido 45 años de la epopeya y
Cuba sigue ahí, desafiando a los agoreros de la potencia, que no
han cejado en su empeño de “cargar las maletas”, que han
apostado a todo y que no logran entender, cómo es posible tanta
osadía de “Meñique”.
Mas, el significado de la victoria
alcanzada en las arenas de Playa Girón, rebasaron los marcos
nacionales para convertirse en triunfo de todos los pueblos
oprimidos del mundo y en especial de Latinoamérica, quien sin
lugar a duda después de este gran triunfo fue un poco más libre.