Monte
de Luz eterna
Míriam
García
Fotos: Luis Pérez
Un día como
hoy, no quiero dejar de repetir la frase que me enseñó mi padre
y que enseño todos los días a los niños con los que comparto mi
vida, a pesar de que hace casi 30
años
me sembraron, de forma monstruosa y
para siempre, la muerte en el corazón…¡VIVA LA VIDA!
Así expresó,
emocionado, Carlos Alberto Cremata, director de La Colmenita,
que siendo un niño vio partir - sin retorno- a su padre, víctima
del sabotaje al avión cubano en Barbados.
El pasado 6 de febrero se inauguraba el Monte de las Banderas
de la Tribuna Antiimperialista José Martí, para rendir
tributo a los más de 3 400 caídos en los atentados terroristas
del imperio contra nuestro país y también como recordación
constante de aquel 10 de octubre de 1868, cuando guiados por el
Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, esta Isla se alzó
decidida a combatir con las armas en la mano por su
independencia.
Son 138 años
de lucha ininterrumpida; por cada uno de ellos ondean en lo más
alto de sus mástiles igual número de banderas negras con una
estrella blanca, frente a la Sección de Intereses de los Estados
Unidos, en La Habana. Simbolizan el luto y el sufrimiento que
las acciones de los gobiernos norteamericanos han causado a
miles de familias y a todo nuestro pueblo.
Esos
blasones son muestra de la fuerza irrevocable de nuestras ideas,
son la memoria viva de todo un pueblo enérgico y viril que
impetuoso se levanta para salirle al paso a tanta injusticia, a
cada provocación y para dar respuesta oportuna a las agresiones
del imperio.
Solo en
actos solemnes de la Patria y en futuras batallas que libremos
por Cuba y por el mundo, se izará en el Monte de las Banderas
nuestra enseña tricolor.
El combate
diario por nuestras ideas estará representado por esas banderas
negras de estrella blanca, que como dijera el segundo secretario
de la UJC, Hassan Pérez Casabona, en el acto inaugural, …no
serán arriadas, no se plegarán, permanecerán señeras, altivas,
vigilantes. Como centinelas insomnes de la Patria en amaneceres
y crepúsculos, resistirán hermosas y puras vendavales y
tempestades y podrán divisarse como las más bellas que existen
en el llano, en el mar y en la cumbre.
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