Alejandro
García Caturla
Donde se funde lo cubano y lo universal
Teté
“Aunque yo no esté en La Habana, si se trata de un manifiesto
contra Machado, pongan mi firma entre las suyas sin
consultarme”, le escribió el famoso músico Alejandro García
Caturla a su entrañable amigo Alejo Carpentier, con quien
comparte un lugar destacado en los acontecimientos culturales y
políticos de nuestro país en las primeras décadas del pasado
siglo.
Un siete de marzo, hace ya cien años, la ciudad villaclareña de
Remedios, fue cuna del notable compositor, quien, a pesar de su
corta existencia pues fue asesinado a los 34 años, paseó sus
obras sinfónicas, nutridas de la música negra de los tambores de
los rituales afrocubanos, de los danzones y del punto campesino
por importantes salones en el mundo.
Desde muy pequeño, Caturla, sobresalió por su genialidad .De
niño era capaz de comentar sobre una opera, hacer apuntes para
zarzuelas, montar una opereta para compartir con hermanas y
primos o adentrarse en donde repicaban los tambores batá,
sitios excluidos para los de buena cuna por la sociedad clasista
de aquel entonces.
El piano, el violín, el solfeo y la vocalización no le fueron
ajenos al músico y abogado cubano, quien en Francia, no dedicó
su tiempo como otros jóvenes a descubrir los múltiples encantos
de Paris, sino a completar su formación. Era tal su temperamento
musical que su profesora para ejercitarlo le mandaba a
realizar, en apenas una semana, movimientos sinfónicos para con
posterioridad, comentarlos.
En sus obras sinfónicas, encontramos textos de los destacados
Alejo Carpentier y Nicolás Guillén, y a los cuales les impregnó
su genialidad en piezas inolvidables como Bembé, Poemas
afrocubanos, Yamba O, Obertura cubana y Tres danzas cubanas,
tanto para piano como instrumentos de viento o partituras
corales, para fundir lo cubano y popular, con lo universal y
culto. |