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La Carta Magna Cubana en sus 30
Margarita Hernández Salgado.
Se cumple el aniversario 30 de
nuestra Constitución Socialista, aprobada por la absoluta
mayoría del pueblo en referendo popular.
Heredera de lo mejor del
pensamiento jurídico cubano es, sin lugar a duda, el
resultado de un largo camino, que tiene sus raíces en 1869
cuando se aprobó, por la República en Armas, la primera
constitución en Guáimaro en la actual provincia de Camagűey,
por los Padres Fundadores de la nación cubana, entre ellos
Carlos Manuel de Céspedes, el Mayor Ignacio Agramonte y
Salvador Cisneros Betancourt, entre otros.
Le seguiría, la de breve
duración, pero muy significativa, la aprobada al calor de la
Protesta de Baraguá, en 1878, cuando Antonio Maceo, decide
continuar la lucha, a pesar de las difíciles condiciones.
La Guerra Necesaria de 1895,
hija en cuerpo y alma de nuestro Apóstol José Martí, traería
para los cubanos una nueva constitución, que recogía las
experiencias de las anteriores y por tanto un peldaño
superior en la historia de las mismas.
Así, pasamos por la de la Yaya,
la de 1901, que nacía con un puñal al costado, la Enmienda
Platt, impuesta por los Estados Unidos, que limitaba la
soberanía nacional.
Por la presión popular y la
participación activa de militantes comunistas se logró
incluir anhelos en la Constitución de 1940, pero... muy poco
hicieron los gobiernos de entonces por implementar leyes
complementarias, que hicieran efectivo su cumplimiento. Esta
se convirtió en bandera por la que lucharon generaciones de
cubanos.
Con el glorioso Primero de Enero
1959, por vez primera, comienzan a implementarse leyes, que
le dan cumplimiento real a la Constitución de 1940. El tan
deseado sueño martiano de dignificar a los cubanos se
convertía en una realidad, superando con creces lo planteado
en la Carta Magna.
Se hizo necesaria una nueva
constitución más a tono con los nuevos tiempos y es el 24 de
febrero, fecha cumbre de nuestra historia, pero de 1976, que
se aprueba la actual, de carácter socialista, por la inmensa
mayoría de la población. Ella es el resultado de largos años
de lucha del pueblo cubano y por tanto estandarte nacional.
Con ella, por fin, se cumple el postulado martiano: Yo
quiero que la ley primera de la República sea el culto de
los cubanos a la dignidad plena del hombre.
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