
Mella, luz
de aurora
Margarita Hernández Salgado
No hay
más que un modo de perdurar; y es servir; afirmaría
nuestro Héroe Nacional, José Martí; es por ello que mientras
haya un cubano digno, el nombre y legado de Julio Antonio Mella,
perseverará.
¡Qué vida tan
intensa y fructífera, la de ese joven que encabezó una verdadera
revolución en el recinto universitario de La Habana, en la
década del XX del pasado siglo!
Es, por
muchísimas razones, faro y guía para la juventud cubana, no sólo
por su posición enhiesta, sino por la integralidad de su
personalidad: revolucionario a carta cabal, profundamente
martiano, optimista, combativo, deportista, alegre; en fin, un
joven altamente comprometido con su pueblo, heredero y
continuador de lo mejor del pensamiento y la acción de nuestras
tradiciones.
En su corta y
fecunda existencia, cuenta con méritos que marcan con huella
indeleble la historia Patria. Su lucha contra la corrupción de
los gobiernos pro imperialistas fue más allá, a la raíz del
problema, de ahí que se caracterice por su arraigado
antiimperialismo, como causa y consecuencia fundamental de los
males de aquella “república”.
Su accionar
sirvió para hacer confluir los intereses de amplios sectores
sociales: estudiantes, intelectuales obreros y otros.
En momentos en
que la figura del Apóstol convenía mantenerla en el olvido, pues
sus anhelos no se habían cumplido y había sido traicionado por
algunos al llegar al sillón presidencial, cual ave fénix lo hizo
resurgir con mayor vigor, enrumbando la lucha hacia derroteros
más certeros.
Por ello se
encuentra entre los fundadores del primer partido marxista en
Cuba, en 1925.
Él ligó los
destinos de Cuba con el resto de los pueblos de Nuestra
América, de ahí su posición latinoamericanista y que fuera
un ferviente admirador de la Revolución Socialista de Octubre
Mucho le
debemos a Mella, fundador de la Federación Estudiantil
Universitaria (FEU), impulsor de la Reforma Universitaria,
creador de la Universidad Popular José Martí, quien ante su
injusta encarcelación, protagonizó una huelga de hambre que lo
puso al borde de la muerte.
A 103 años de
su natalicio. Se cumple su profecía: Hasta después de muertos
somos útiles.
Al caer
asesinado en México, por órdenes del tirano Gerardo Machado, su
última expresión fue: Muero por la Revolución.
Por todo ello
Julio Antonio tiene un lugar especial para la juventud cubana,
por ello figura en el emblema de la Unión de Jóvenes Comunistas
(UJC). |