Morro
de Santiago de Cuba
Pedro
Meluzá López
Fotos:
Archivo
Unos
70 años duró la construcción del Castillo de San Pedro de la
Roca, más conocido como El Morro de Santiago de Cuba,
impresionante mole pétrea erigida a la entrada de su estratégica
y
transitada
bahía.
Su finalidad
era proteger a esa ciudad oriental de las frecuentes incursiones
de piratas y corsarios o de fuerzas hostiles a España, misión
que cumplió pese a los numerosos intentos por conquistarlo.
Fue su
diseñador el prestigioso ingeniero militar italiano Juan
Bautista Antonelli, quien a 74 metros sobre el nivel del mar
comenzó su impresionante obra en 1638.
Pero él no
pudo verla terminada, pues culminó en los primeros años del
siglo XVIII, en una aún desconocida fecha. Varios ingenieros lo
relevaron en la titánica ejecución.
Años antes
(1630), Antonelli había levantado otro Morro, el de La Habana,
con similares objetivos.
La fortaleza
santiaguera debe su nombre al entonces gobernador colonial
español de la villa, Pedro de la Roca y Borja. En 1633 ordenó su
construcción.
Decenas de
tétricas historias guarda ese bastión militar, cuyos calabozos y
galeras sirvieron de confinamiento y ejecución de decenas de
luchadores independentistas cubanos.
Hoy, sus
sólidas paredes albergan al Museo de la Piratería, de notable
atracción para visitantes nacionales y extranjeros que en
considerable número acuden diariamente al lugar.
Al atardecer
de cada día se efectúa en el Castillo la tradicional ceremonia
del cañonazo mambí, espectáculo de gran impacto visual.
Por su
riqueza arquitectónica, la UNESCO (Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) incluyó en
1997 al Morro de Santiago entre los sitios del mundo Patrimonio
Cultural de la Humanidad.
La pieza está
considerada por los historiadores como
remarcable ejemplo de realización de la escuela de arquitectura
militar hispanoamericana
desarrollada en España, Italia y Cuba del siglo XVII al XIX. |