¿Por qué nos enamoramos?
Katina Herrera Ponce
... soy
una adolescente a la que le gustaría que escribieran en su
revista algún comentario acerca de cómo se puede elegir una
pareja...
La adolescencia es una etapa muy frágil en la relación con los
demás, porque internamente no se siente seguridad de casi nada.
La autoestima puede ser fácilmente herida y se necesita sentirse
aceptado por los amigos. El miedo al rechazo y la búsqueda de
aceptación son aspectos esenciales de este período. Por tanto,
las relaciones amorosas ocupan buena parte del tiempo y espacios
mentales, ya que ser escogido y amado le produce una enorme
gratificación personal.
Parece haber
unos criterios, más o menos comunes, por los que nos guiamos al
elegir pareja: el carácter, el físico y la forma de ver la vida
es lo que casi siempre determina que nos fijemos en una persona
determinada. Además, confianza, sinceridad y diálogo compartido
son aspectos fundamentales para una buena relación, en donde la
complicidad y el compañerismo han de ser prioridades.
En definitiva, se puede decir que, tanto desde el punto de vista
racional como inconscientemente, se eligen las personas que, de
alguna forma, confirman las opiniones que cada uno tiene de si
mismo, de los demás y de la vida. Cuanto más positivas sean
nuestras expectativas en tal sentido, tanto más podremos esperar
que nuestro inconsciente colabore para que encontremos a la
persona con la que podamos vivir un amor feliz y satisfactorio.
Los especialistas coinciden en que el punto inicial en que nos
fijamos en una pareja suelen ser las reacciones biológicas,
alteraciones nerviosas, cambios de ritmo cardiaco, etc, aunque
el deseo también mediatiza mucho esto.
A todos nos han preguntado alguna vez, ¿por qué me amas? y pocos
serán los que hayan obtenido una respuesta satisfactoria, para
sí mismos y para el otro.
En efecto, el hecho de enamorarse es
la respuesta a si la persona que nos interesa posee las
características que siempre buscamos en la persona amada.
La pareja ideal no existe; es tan solo un mito, ya que existe
una parte inconsciente que hace que te atraigan unas personas
más que otras,
por lo que, la persona idónea para uno no lo es para los demás.
Tener pareja puede dar una satisfacción personal en una época de
crisis como la adolescencia, pero no debe constituir una
obsesión para calmar angustias de soledad, ni ser un motivo de
orgullo delante de los amigos.
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