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Editorial OX.
Proyecto
educativo internacional
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Nos
transmiten el arte que surca
sus venas
Las escuelas de Instructores
de Arte están llamadas a
formar los hombres y mujeres
que alimentarán la
espiritualidad de niñas,
niños y adolescentes.
Estos serán personas más
plenas y felices con ese
conocimiento. Pero el camino
para lograrlo no es tan
fácil. Se necesita mucha
disciplina, entrega,
respeto, creatividad y amor.
Hay que querer lo que se
hace y pensar mucho en los
demás.
De eso se trata: de amar las
artes y a las personas; de
demostrarlo a diario. De
aprender para enseñar y
enseñar para aprender más.
Jóvenes, muy jóvenes son
los centenares y miles que,
en todo el país, se forman
como Instructores de Arte
(IA). Al verles, una
interrogante nos viene a la
mente: ¿Qué representan para
ustedes los IA?
El instructor es el encargado de que los
alumnos puedan conocer más de la cultura y
el arte; de que muchos de estos sean después
el relevo de sus profesores para que así
nuestro pueblo alcance un mayor conocimiento
y disfrute mejor de sus libertades, pues
como dijo Martí: ser culto es el único modo
de ser libres.
Yo escogí esta especialidad porque desde muy
chiquito me gusta pintar y ya en noveno
grado opté por hacerme profesor y enseñar a
otros.
(Adriel de León Almeida, Pinar del Río.)
Vi la emoción con que esos muchachos
actuaban en el escenario de la escuela donde
llevaron una obra de teatro y varias danzas.
¡Qué lindo era todo! Y como desde chiquitica
me gusta bailar no dudé en coger esta
carrera. Ahora me siento muy feliz de estar
en la Escuela de Instructores de Arte de
Guantánamo, compartiendo con mis profesores,
mis compañeros de estudio y con todos en
general. Mañana haré lo mismo con mis
alumnos.
(Dianae Pacheco Tomasén. Municipio Manuel
Tames, Guantánamo.)
Ellos llegaron en el momento preciso para
convertir las escuelas en centros llenos de
alegría, de colorido; están mostrándonos la
cultura mucho más allá del pequeño círculo
que teníamos entendido hasta ese momento.
Han sido capaces de revelarnos habilidades
que no conocíamos en nosotros mismos; de
hacer, de cualquiera de nosotros, un buen
actor, alguien que escriba bien o cante o
baile. Y más allá de esto, llegaron para ser
nuestros amigos también, pues nos llevan muy
pocos años de diferencia.
Estoy en el taller de música, pero hay otro
de teatro en mi secundaria. Cantamos,
preparamos coros para los matutinos y otras
actividades, hacemos galas, en fin, han
revolucionado nuestras vidas.
(Solanch Sanz Suárez. Octavo grado. ESBU
Luis Agusto Turcios Lima, Santiago de Cuba.)
Pienso que desarrollan un papel
importantísimo en todas las escuelas, en la
educación y formación general integral de
cada uno de nosotros. En mi caso, cuando yo
estaba en la secundaria habían muy pocos y
estaban ubicándolos primero en las urbanas,
por eso en la ESBEC donde yo estudiaba allá
en Granma, no teníamos y se sentía la pena,
el dolor de que, teniendo un módulo cultural
completo, es decir, guitarras y otros
instrumentos musicales más muchos alumnos
con inclinaciones a tocarlos, hacer teatro,
pintar o danzar, no estuviera alguien que
nos pudiera guiar. Es penoso que haya una
escuela que no cuente con su instructor de
arte y estoy segura que eso quedará resuelto
en poco tiempo.
(Thais Lissett, estudiante de
preuniversitario, en Bayamo, Granma.)
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