El camino correcto para el universo
audiovisual infantil y juvenil, hay que
construirlo
Addiley Palancar Guerra
Falta poco para que concluya el 29 Festival
Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano
de La Habana, Cuba. Desde principios de
diciembre, el evento provoca un ajetreo
inmenso en las calles, que los cubanos
esperamos ansiosamente para el final de cada
año.
Además del amplio número de filmes en
competencia, el certamen propicia debates
teóricos sobre problemáticas actuales y la
manera en que el cine contemporáneo las
aborda. Un encuentro ya tradicional en el
Festival es el Foro Internacional sobre la
niñez y su universo audiovisual.
Las mayores preocupaciones planteadas en la
cita, que sesionó en el Centro Histórico de
La Habana Vieja durante seis días, estibaron
en la influencia maligna de los grandes
consorcios comerciales que manejan los
medios pues, lejos de contribuir a la
formación de las niñas, los niños y
adolescentes del mundo, los encaminan hacia
el consumismo y la banalidad.
Ante tal situación, según explica en el
sitio oficial del Festival, Pablo Ramos,
coordinador del evento, se abre paso,
cada vez con mayor énfasis, la búsqueda de
mecanismos para propiciar que los pequeños
sean gestores de sus propias imágenes.
Pienso en las experiencias de Juguemos a
grabar, presentadas por Sonia Aburto y sus
colegas, y en las expuestas por Paolo
Beneventi y Jean Luc Slock.
El público más joven ha podido disfrutar
en este Festival de las muestras Para
todas las edades y Los mil rostros de
los olvidados. Para la cita de 2008 ya
se prevé, en consonancia con las propuestas
hechas en el foro, la exhibición de
materiales realizados por los propios niños
y niñas, y otros más juveniles dirigidos por
adolescentes.