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Dime como
hablas y te diré quien eres
Margarita Hernández Salgado
El hablar
bien no pasa de moda, ni es cosa de viejos o de especialistas.
Al hacerlo correctamente, además del respeto hacia los
receptores, es un símbolo inequívoco de tu personalidad. Esto en
modo alguno significa que usemos exactamente el castellano que
trajo Cristóbal Colón. Por suerte, el idioma no es letra muerta,
se enriquece constantemente.
Es
lamentable que sistemáticamente seamos agredidos, sí, porque
constituye una flagrante agresión las groserías y siempre son de
muy mal gusto. Y no me refiero a un puritanismo barato, pues en
determinados momentos una llamada, expresión fuerte, es
necesaria e incluso diría imprescindible. Qué otra frase más
adecuada que la que pronunciara, el después Comandante Juan
Almeida Bosque, al producirse la sorpresa en Alegría de Pío,
hace ya 50 años, cuando el núcleo inicial del naciente Ejército
Rebelde fue descubierto por los enemigos y los conminaron a
rendirse. Ciertamente la respuesta no podía ser otra. Pero ese
era un momento definitorio y crucial, no solo para loó que allí
estaban presentes, sino para un pueblo entero.
Considero
incluso, que no debe ser igual el diálogo que puedes establecer
con tus contemporáneos, que con otras personas, mucho más sino
pertenecen a tus más allegados.
Tampoco es
igual estar en un partido crucial de cualquier deporte, aunque
no significa esto que podamos agredir al contrario, árbitros u a
otro aficionado, que encontrarnos en una representación de
teatro, u otra actividad mucho más sobria. Sin perder la
cordura, aunque demostremos nuestro entusiasmo, debemos cuidar
del vocabulario empleado.
En cierta
oportunidad me contaron un chiste que puede ilustrar lo
anterior.
Cuentan que
un ilustre académico fue invitado a una fiesta popular donde
primaban hermosas mulatas y una música muy contagiosa y el que
en medio de un gran jolgorio se cantaba una conga que decía: Que
siga que siga la bachata, dale la patá a la lata, mulata. En
medio de aquel entusiasmo, el todo ilustre académico cantaba:
Que prosiga que prosiga la alegría, dale un punta pié al
recipiente, mestiza.
Realmente
esto es un ejemplo que nos da la medida de lo antes planteado,
nos muestra que el hablar está regido por circunstancias
también.
Ser joven
no presupone que estemos exentos de usar correctamente nuestro
idioma, pues este forma parte de nuestra identidad como nación.
Se reconocen incluso los llamados localismos. Para un cubano el
vocablo cederista tiene un significado inmediato, pero si lo
empleas en otras latitudes de habla hispana nada significa, pues
este es propio de Cuba y nació al inicio de la Revolución ante
la necesidad de defendernos.
Usar
correcta y adecuadamente nuestro idioma, también es defender lo
que somos y representamos como pueblo y es un paso inequívoco en
las justas aspiraciones de convertirnos en el pueblo más culto
del mundo. |