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El
Che, un hombre excepcional
Por María Luisa García Moreno
Un incidente
muestra las extraordinarias condiciones humanas de Ernesto Guevara y
sus hombres. Me refiero a ese inolvidable relato que él titulara
El cachorro asesinado” y que es, quizá, la joya de la colección
que hoy integra el libro Pasajes de la guerra revolucionaria,
un conjunto de narraciones que fueron publicados por primera vez en
la revista Verde Olivo, a partir de febrero de 1961.
Desde el
propio título está presente la autoacusación, el autorreproche… ese
sentimiento de culpa que va más allá de la lógica, del haber hecho
lo que se tenía que hacer: fueron las duras condiciones de la lucha
revolucionaria que se libraba en la Sierra Maestra las que exigieron
al Che la orden de matar al cachorro y su puesta en práctica
inmediata y sin vacilaciones: se trataba de cumplir o no la misión
asignada.
De lo
contrario, los ladridos del simpático cachorro hubieran descubierto
su posición impidiéndoles cerrar el cerco.
Según cuenta
el Che, […] en esa zona de la Sierra Maestra, cruzar por las
laderas resulta sumamente dificultoso por la falta de senderos.
Pasábamos una difícil ‘pelúa’, un lugar donde los viejos árboles de
la ‘tumba’ —árboles muertos— estaban tapados por la nueva vegetación
que había crecido y el paso se hacía sumamente trabajoso [… ].1
Los hombres, a
pesar de estar cansados, agotados, exhaustos tras la dura y larga
caminata; hambrientos y desalentados por no haber podido cumplir la
misión de cerrar el cerco a la tropa del connotado asesino Sánchez
Mosquera,2 emboscada por Camilo, pensaban en el cachorro
muerto y se sentían culpables.
Resulta
asombroso que el propio Che, años después, tras haber vivido hechos
trascendentes, rememorara ese pasaje junto a otros relatos de
acciones combativas: ese sencillo incidente lo marcó; por eso,
cuando leemos el relato, su autor logra trasmitirnos las mismas
encontradas emociones que él sintió.
Ello evidencia
no solo la extraordinaria calidad artística de este texto, sino, y
sobre todo, la aguzada sensibilidad humana de estos hombres y de su
jefe, el comandante Ernesto Guevara de la Serna.
A veces, en
los hechos más simples afloran de modo muy especial los sentimientos
humanos: este es un caso.
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