Hecho
cultural sin precedentes
Por Carlos
Castro Sánchez
Desandar la
Feria de un stand a otro, visitando
pabellones y otros lugares de venta o
exposición es algo complicado por la
cantidad de público que acude en busca de
las obras y sus autores. Sí, porque la cita
de La Habana permite encontrarte con los
creadores de esos textos tan buscados por
ti, por mi, por los demás.
Igual ocurre
con los títulos nacionales como con los
extranjeros. La del lunes fue una más de
esas jornadas que ratifican lo antes
expresado:
Mientras en
una de las salas, la multitud quería que el
afamado caricaturista Quino autografiara
Todo Mafalda y otros títulos de este creador
que fueron presentados en su presencia; en
los stands buscaba la posibilidad de un
receso para continuar marcha, el destacado
investigador Eduardo Torres Cuevas, una de
las dos personalidades a quien está dedicada
la actual Feria.
Quino y
Eduardo, ambos creadores rodeados por la
admiración sincera de un pueblo que sabe
apreciar lo cualitativamente legítimo; eso
que aporta y enriquece a nuestras almas; lo
que contribuye a que seamos mejores seres
humanos en tanto aprehendemos, reflexionamos
y hasta sonreímos pensando no solo en
nosotros, sino en el bien colectivo.
Tal es la
magia de las fiestas del libro, que se
inician en La Habana para luego extenderse
con el mismo entusiasmo y colorido por las
restantes provincias cubanas.
El pasado año
la Feria llegó a dieciocho ciudades y apenas
doce meses después, anda ahora camino de las
cuarenta.
Sin duda
alguna, la Feria Internacional del Libro en
Cuba es sobre todo cultural.