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La leyenda del palomar
Sissi
Desde que yo tenía tu edad, casi una niña, estoy oyendo esa
historia. A mi me la contó mi abuela, y a ella su abuela, es
decir, mi tatarabuela. Así que figúrate, hace cantidad de años
que ese cuento está dando vueltas y más vueltas.
Miren, yo soy de Remedios, mejor dicho, de San Juan de los
Remedios, un pueblo que queda en la provincia de Villa Clara, la
tierra de un músico genial: Alejandro García Caturla.
Bueno, como les decía, la villa de Remedios es muy, pero muy
antigua. Fue fundada por los españoles y tiene muchas leyendas,
sí, cuentos que la gente hace para divertirse o para explicarse
las cosas que no entiende.
Esto que les contaré ahora, y que se conoce como la leyenda del
palomar, ocurrió a mediados del siglo antes pasado.
Resulta ser que al pueblo se mudó un francés muy rico y mandó a
construir una enorme casona que parecía un castillo o fortaleza
porque tenía en el techo unas torres.
Pues bien, los trabajos comenzaron y muy pronto se terminó de
edificar la casa.
Al poco tiempo, el francés se casó con una señora muy hermosa.
Estaban muy enamorados y como se querían mucho, y como trataban
a todos con cortesía y respeto, sus vecinos los estimaban y les
tenían muchísimo cariño.
No se sabe a ciencia cierta qué pasó, pero la joven y bella
muchacha murió. Paulatinamente, se fueron muriendo los
sirvientes de la casa; unos meses después falleció el dueño,
dicen que de tristeza y soledad.
Un día, de buenas a primeras, en la torre de la casa, al
amanecer, aparecieron dos palomas blancas, blancas como la luna,
que se acariciaban con el pico durante largo rato hasta que
levantaban el vuelo y desaparecían sin rumbo fijo.
Cuando la gente se enteró de esto, empezó a decir que eran el
francés y su esposa que se habían transformado en palomas. Por
supuesto, no era más que una fantasía, pues nadie puede
convertirse en otro animal o cosa, pero como los señores se
querían tanto y eran tan buenos y serviciales el vecindario
quiso recordarlos.
Todos los días, numerosos vecinos de Remedios y de otros pueblos
cercanos iban hacia la vieja casona a ver a las dos palomas y
así fue que bautizaron a ese lugar como El palomar.
Más tarde, se empezó a decir que en la casa había fantasmas que
se fajaban de noche y cosas por el estilo. ¿Qué si yo tenía
miedo? ¡Qué va! Esos son cuentos de camino. Leyendas que la
gente inventa para divertirse o para explicarse las cosas que no
entiende. |