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Novela escrita a la mejor tradición de nuestra literatura y que gracias a Ediciones Unión, con ilustraciones excelentes de Raúl Martínez Hernández y edición de Anele Armantó Trillo, está a tu disposición en las bibliotecas de todo nuestro paísUna vieja redonda

Esteban Llorach Ramos
Ilustración: Tomada del libro

Por si hay alguien que no conozca a la autora del programa infantil más popular de la televisión cubana, La sombrilla amarilla, hay que aclarar que Ivette Vian Altarriba nació en Santiago de Cuba en diciembre de 1944, que es graduada en Historia del Arte, que escribió durante muchos años para esta revista Pionero y que con una extensa obra para niños y jóvenes: Como te iba diciendo…, La luz de la verdad, La Marcolina, El telescopio de David, Mi amigo Muk Kum, Curundán y Busula, Siete cuentinos, Casa en las nubes, Del abanico al zunzún, Coco Pascua, Cartas a Carmina… ha obtenido los premios más diversos.

Ivette nos cuenta en su libro Una vieja redonda, parte de la historia de Cuba a través de una maravillosa narración que empieza en el lago Maracaibo y termina en el cosmos. La historia, los lugares, los nombres y los personajes son reales, y a todos los envuelve una fantasía inspirada en la excéntrica familia de la autora.

En la historia hay esclavos y héroes, diosas yorubas y brujas gallegas, homenaje desde el corazón a la región oriental y, muy especialmente, a Santiago de Cuba.

Novela escrita a la mejor tradición de nuestra literatura y que gracias a Ediciones Unión, con ilustraciones excelentes de Raúl Martínez Hernández y edición de Anele Armantó Trillo, está a tu disposición en las bibliotecas de todo nuestro país.

Para entonces ya había terminado la guerra de la Manigua y (Valeriano )trajo un gran baúl y dijo que ese era el regalo para su nueva nieta (…) Adentro pudieron ver, doblada en forma de triángulo, la bandera de la estrella solitaria. Entonces, la bebita acabada de nacer dejó de chupar la teta de su madre y pronunció claramente la palabra Cuba. Todos se quedaron pasmados (…) y el grupo se quedó mirando, asombrad , a la bebita que, sin embargo, no volvió a hablar más hasta los cinco años, cuando ya todo el mundo sospechaba que era muda. Entonces dijo otra vez la preciosa palabra de cuatro letras y de ahí en adelante empezó a conversar como una perica.

 

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