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Bajo la
bandera
Elsa Bello
Corría el
año 1925. Aquella calurosa tarde de agosto un joven alto,
delgado y fuerte se convirtió en el protagonista principal de
una de las más hermosas páginas de solidaridad en la historia de
Cuba.
Bajo el
fuerte sol de la Isla un barco soviético anclaba a cierta
distancia de la bahía de Cárdenas, en el hoy occidental
territorio de la provincia de Matanzas.
Aquel
navío, del recién creado estado de obreros y campesinos URSS,
era el primer barco mercante que visitaba a Cuba.
Los
marineros soviéticos cargaban azúcar para su país. Casi sin
descansar transportaban los pesados sacos a la bodega de la nave
mientras de vez en cuando y con nostalgia miraban hacia tierra
cubana.
De pronto
divisaron un bote que se acercaba y ya junto al navío, a un
joven ágilmente subir.
La mirada
franca del recién llegado hizo comprender a los rudos hombres
del mar que estaban ante un amigo estrechándole la mano le
calificaron de valiente –hermanos- dijo el joven- me llamo Julio
Antonio Mella y vengo a darle la bienvenida a nombre de los
trabajadores y estudiantes cubanos.
Nuestro
actual gobierno para complacer a los yanquis, no le permite a
ustedes bajar a tierra y por eso he venido a decirle que este
pueblo les quiere y les admira. Aquí les traigo un regalo:
nuestra bandera.
Los
marineros soviéticos abrazaron a Mella con gratitud y en
reciprocidad le obsequiaron una bandera de su patria para
hacerla llegar a los obreros y estudiantes de la Isla.
Fue un
emotivo encuentro donde se escucharon los himnos nacionales de
ambos países, mientras se intercambiaban experiencias sobre la
revolución y las luchas de los pueblos.
Mella
conoció de esos hombres, de los progresos acaecidos en la URSS y
del futuro luminoso de ese estado. Fueron cuatro horas de
emotiva conversación la cual quedó para siempre en los recuerdos
de quienes la vivieron.
Días
después Julio Antonio Mella narró a los trabajadores cubanos su
visita al mercante soviético en una amena conferencia que
tituló: “Cuatro horas bajo la bandera roja”
Mella tenia
entonces 22 años y una insaciable sed de justicia que le
convertiría para siempre en el incuestionable líder estudiantil
comunista cubano. |