
¿José
Martí? como un padre
PUBLICADO: 24/05/08
Quiero presentarles a una nueva amiga. Se
llama Susel Pérez Lima, alumna de octavo
grado de la ESBU 26 de Julio, del reparto
Alamar, en La Habana del Este, y es una de
las ganadoras, por segunda ocasión, del
concurso Leer a Martí. El año pasado fue
premiada por el cuento La Flor Mágica, que
trata sobre Meñique, el personaje de La Edad
de Oro, quien tiene un jardín donde siembra
una flor blanca muy especial que provoca el
interés de muchos.
Al conversar con ella conocí que tuvo como
motivación para participar de nuevo en el
certamen el deseo de encontrarse otra vez
con los amigos que hizo en la primera
ocasión en que estuvo entre los
galardonados. Esta vez me inspiré en las
poesías y cuentos escritos por otros
pioneros sobre la figura de Martí recogidas
en un libro que como premio nos entregaron a
los ganadores del año anterior, dice
sonriente.
La
carta que nunca nadie vio, es el título de
su último cuento. Trata sobre
una supuesta visita que realizó al Museo
Casa Natal José Martí, de La Habana Vieja,
ocasión en que se encontró un papel
estrujado en el suelo y que recogió. Al
verlo de cerca se sorprendió al notar que
era una carta escrita por nuestro Héroe
Nacional el 19 de mayo de 1895, día de su
muerte en combate en Dos Ríos, a su hijo
Ismaelillo y a María Mantilla, a quien
también quería como tal.
El trabajo premiado —que ahora reproducimos—
recoge también el momento, por supuesto
imaginario, en que Susel entrega la
histórica carta a los trabajadores de la
biblioteca del Museo, quienes a su vez le
obsequian una copia a ella. Así se convierte
en la dueña del valioso documento.
–¿Cuándo
te pones en contacto con la obra de Martí?
Desde muy pequeñita mi mamá me leía los cuentos de La Edad de
Oro y otros libros que al crecer comencé a leer yo misma. Ella
trabaja en la biblioteca Rubén Martínez Villena, en la parte
antigua de la ciudad, y siempre me recomendó leer mucho para
tener buena ortografía y elevar mi cultura.
Susel, de 13 años de edad, afirma que la llena de alegría ser
ganadora de tan prestigioso concurso en el que participaron
pioneros de todo el país. A todos mis amigos de la escuela les
llaman la atención los cuentos, poesías y composiciones que
escribo, que en su mayoría se refieren a la figura de Martí,
además, sienten curiosidad por conocer mis principales
motivaciones.
–¿Qué es José Martí para ti?
Lo veo como un padre. Luego de mi mamá y el resto de la familia
es a quien más quiero porque toda la vida me ha enseñado mucho.
¿Planes? Escribir un cuento vinculado a la Bailarina Española,
pues me encanta el baile; pertenezco al ballet infantil de Lizt
Alfonso. Estoy segura de que escribiré de nuevo una historia
interesante sobre ese tema donde, por supuesto, esté presente la
figura de Martí; una vez más me presentaré en este concurso que
tanto me motiva.
Cuando fui a la casita de nuestro Apóstol con los ganadores del
Concurso Nacional Leer a Martí, nos llevaron a diferentes
habitaciones de ésta. Yo me separé del grupo por un momento y me
dirigí a un jardín hermoso que se encontraba dentro de este
lugar.
Paseando y admirando las plantas estaba cuando algo llamó mi
atención. Tirado en un rincón había restos como de papeles
quemados. Los recogí, pues no estaban muy maltratados. Los
guardé en un bolsillo de mi abrigo y continué el recorrido con
el resto de mis compañeros.
Cuando acabó esa semana de premiación, llegué a mi casa y me
dediqué a reparar ese escrito. No quedó perfecto, pero se podía
ver lo que decía. Era algo más o menos así:
LA CARTA QUE NUNCA
NADIE VIO (CUENTO)
19 de Mayo de 1895
María y José Francisco, hijos míos:
Hoy voy a morir, mi corazón me lo dice. Pero voy a morir con
orgullo de mi patria, voy a morir por ella. Cuando esto ocurra
sólo voy a sentir una pena, la de perder a mis dos hijos.
Ustedes son los hijos que cualquier padre quisiera tener. No me
gustaría que cuando ya no esté dejen de ser felices. Al
contrario, alégrense por tener a un padre muerto que vivía por
ustedes y por la libertad de Cuba. Si quieren hacer algo por mí,
sigan mis consejos y seguiré vivo, sí, porque estaré en la
estrella azul, con la mamá de Nené, hablando de estas dulzuras
de niños que tenemos.
Tú, mi María, ayuda a tu madre y cuídala, a tu madre tan buena.
Debes saber que eres mi hija. Quizás no tengas mi misma sangre,
pero sí ese corazón de niña, ese corazón que me ayuda a vivir y
gracias a él estoy tranquilo, porque sé que no se puede
encontrar ahí rencor, ni pedacitos de mentiras feas y viejas. Lo
que más deseo es que te hagas una mujer generosa, que hasta
vieja serás bonita. Quiéreme como a un padre, mi hijita.
Y a ti Francisco, te hablo más fuerte, porque ya eres un hombre.
A ti te digo lo mismo, admira a la mujer que te trajo al mundo.
¿Te acuerdas del Ismaelillo?, guárdaselo a mis nietos, déjaselo
como un regalo mío y diles que lo compartan con los hijos que
tendrá tu hermana María. A ella trátala como te enseñé. Recuerda
que nunca es un niño más bello, que cuando trae en sus manecitas
de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del
brazo a su hermana para que nadie se la ofenda. A María dale
besos, quiérela como si fuera tu hermana. Confío en ti.
Faltan pocas horas para dejarlos. Voy a morir tranquilo.
A ti María, te dejo mi pensamiento de hombre sabio y honesto, a
ti hijo, te dejo a tu hermana, y para ambos el libro de La Edad
de Oro, que algún día se realizará y compartirán con todos los
niños de América. Confórmense con lo que tienen, no dejen que la
ambición de Masicas les toque a la puerta. El Camarón Encantado
de ustedes son sus sueños, que con un poco de amor se pueden
hacer realidad.
Me despido de mis hijos pidiéndoles que quemen la carta, pero
que no se olviden de las palabras.
Su Martí
Nota: Cójanse de las manos y no se separen nunca, verán cómo esa
unión se transformará en mi bendición.