
Amelia
está en el Museo
Al recorrer la sala Surgimiento del Arte
Moderno del edificio de Arte Cubano del
Museo Nacional, podrás admirar la obra de
Amelia Peláez, de estilo muy cubano
PUBLICADO:
28/04/08
Lic. Elba Gutiérrez Rodríguez (Jefa del Departamento de Servicios
Educacionales del Museo Nacional de Bellas
Artes)
Fotos: Ismael y Archivo
En las calles de Concordia y Lucena, en un
pequeño local del antiguo Frontón,
actual municipio de Centro Habana, abrió sus
puertas al público en 1913, el Museo
Nacional de Cuba. Este hecho fue asumido con
satisfacción y regocijo en el mundo
intelectual ya que vieron materializar un
sueño trazado años atrás por quien fuera su
primer director, el arquitecto Emilio
Heredia Mora (1872 – 1917).
A lo largo de estos 95 años, aniversario que
se cumple en abril de este 2008, el Museo ha
aumentado sus colecciones y las ha
perfeccionado. Hoy posee dos edificios, uno
para el Arte Universal y otro para el Arte
Cubano, en este último hay salas que por la
importancia del artista se decidió
consagrarle un espacio expositivo mayor, y
una de ellas muestra la obra de Amelia
Peláez del Casal, artista cubana nacida en
Yaguajay, Las Villas en 1896 y fallecida en
La Habana en 1968.
Sigamos un poco la vida de esta artista
excepcional. Realiza sus estudios de pintura
en la Escuela San Alejandro, y como la
mayoría de los jóvenes de su generación,
interesada por las nuevas tendencias
artísticas europeas, se establece en París,
Francia, durante siete años donde continúa
sus estudios de pintura. Al regresar a Cuba
ejecuta varias actividades, entre ellas
organiza un taller en su casa de La Víbora,
donde residió hasta sus últimos días de
existencia, decora vasijas realizadas en
cerámica, hace murales, y prepara
exposiciones personales.
Viendo su obra se puede decir que en la
primera etapa hay un interés todavía, por
parte de la artista, de ir explorando o
investigando en su proyección artística,
pero ya desde esos primeros momentos se
inclina hacia las formas decorativas con un
buen sentido de la armonía y el equilibrio
en la composición.
Posteriormente, en algunas piezas incorpora
elementos de la arquitectura colonial a la
vez que utiliza las formas geométricas y el
color con un carácter dinámico; resalta sus
temas principales, la naturaleza muerta, los
bodegones y las figuras femeninas con una
línea oscura, hay excepciones como el cuadro
Flores amarillas, realizado en 1963, donde
la línea que utiliza es de color claro.
Esta línea, generalmente ancha, hace sus
movimientos dentro de las piezas, un poco
barroca, con mucha trama, imitando a los
herrajes de las rejas; y nos muestra un
sello particular que identifica la obra de
Amelia Peláez.