Alicia:
un monumento al tesón
Recién acaba de concluir el 21 Festival
Internacional de Ballet de La Habana, que
este año conmemoró el aniversario 60 de la
creación del Ballet Nacional de Cuba y los
65 de que Alicia Alonso se estrenara en el
papel de Giselle, del que se le considera
una de las más extraordinarias intérpretes
PUBLICADO:
16/11/08
María Luisa García Moreno
Fotos: Museo Nacional de la Danza y Nancy
Reyes
Si
estás más o menos al tanto de la vida
cultural del país sabes de la excelencia del
Ballet Nacional de Cuba y del merecido
prestigio que goza esta compañía en el
mundo, así como del renombre del Festival de
Ballet Internacional de La Habana, el más
antiguo de su tipo.
Sin embargo, quizás no sepas que Alicia
Martínez del Hoyo —nombre real de nuestra
querida Alicia Alonso— era ya una figura de
renombre internacional como primera
bailarina del American Ballet Teather, a la
que el famoso coreógrafo George Balanchine1
—los grandes coreógrafos crean obras para
las grandes bailarinas— le había
montado Tema y variaciones..., cuando
decidió regresar a Cuba y, junto a Fernando
y Alberto Alonso, fundar el Ballet de
“Alicia Alonso” que, al triunfo de la
Revolución se convertiría en el Ballet
Nacional de Cuba.
Quizás
tampoco conozcas que Alicia era muy joven
aún cuando se le desprendió la retina, que
tuvo que someterse a tres operaciones y
permanecer por más de un año en reposo
absoluto. Pero como no hay mal que por bien
no venga, desde la cama en que se
recuperaba, aprendió a “bailar con la
mente”, lo que le ha permitido con el paso
del tiempo convertirse en una extraordinaria
coreógrafa.
Lamentablemente,
no tuviste oportunidad de verla bailar, pero
debes haber escuchado que fue capaz de
expresar a través de la danza —como se
espera de una bailarina clásica— “el ángel”
de un arte que es delicadeza suprema en
El lago de los cisnes y tantos otros
clásicos, o la pasión de Carmen, personaje
central de la obra homónima. Sin embargo, la
Alonso también bailó una rumba en puntas, en
Antes del alba, con coreografía de
Alberto Alonso y diseños del pintor Carlos
Enríquez, porque ella es tan cubana como la
rumba y el son. A pesar de la universalidad
que le confirió su excelencia interpretativa
esta mujer ha devenido símbolo de cubanía;
por eso considera que “El artista es como un
árbol, que necesita nutrirse de la tierra,
absorber de ella todos sus nutrientes para
crecer y robustecerse. Solo así podrán nacer
de él frutos saludables”,2 frutos
como los que exhibe hoy la Escuela Cubana de
Ballet.
Más allá de su genialidad —se le considera
una de las tres más importantes bailarinas
de la contemporaneidad—, Alicia es un ser
humano extraordinario que, a fuerza de tesón
y heroísmo cotidiano, supo levantar esa
compañía. Al principio, bailaban figuras del
American Ballet Teather y otros compañeros
de Alicia y Fernando, que por amistad hacia
ellos accedieron. Porque en Cuba, el arte
danzario tenía un insignificante desarrollo
—las academias de ballet existían para que
las jovencitas adquirieran delicadeza y
gracia, y, por supuesto, nada de
jovencitos—. Todo lo contrario de hoy,
cuando solo hay dos extranjeras en la
plantilla de nuestra compañía y bien
“aplatanadas”, mientras que los más
importantes ballets del mundo se precian de
tener en su nómina bailarinas y bailarines,
y maîtres cubanos.
Por eso, cuando veas en el teatro o a través
de la televisión una actuación de esa
maravilla que es el Ballet Nacional de Cuba,
piensa en Alicia —y en Fernando Alonso—. Su
tesón fue la semilla.
Según refiere, Fernando Alonso el
surgimiento de Escuela Cubana de Ballet
“fue un fenómeno inconsciente” y explica:
“Nosotros simplemente intentábamos enseñar a
bailar ballet de manera correcta, pero la
gente lo hacía reflejando las
características del pueblo cubano […] En la
década del sesenta la crítica advirtió que
un grupo de jóvenes talentosas que
concursaban en Varna, Bulgaria, bailaban de
un modo distinto”.3 Fue entonces
que surgió la denominación.
Las llamadas Cuatro Joyas del Ballet
Nacional de Cuba son: Josefina Méndez, Mirta
Plá —ya fallecidas—, Aurora Bosh y Loipa
Araújo..
*
George
Balanchine
(1904-1983) coreógrafo de origen ruso,
nacionalizado en Estados Unidos, a quien se
le considera una de las más grandes figuras
de la danza clásica.
*
José L. Estrada: De la semilla al fruto: la
compañía. Ediciones Abril, 2008, p. 29.
*
Ibídem, p. 42.