¿Por
qué febrero es el mes más corto?
PUBLICADO: 26/02/08
María Luisa García Moreno
Ilustración: Yusell Marín
El sistema de medir el tiempo o calendario
está basado en los movimientos de la Tierra
y las apariciones del Sol y la Luna. A lo
largo de la historia, los hombres emplearon
diversos sistemas con ese fin.
Por ejemplo, los babilonios tenían un
calendario de 12 meses de 30 días cada uno y
añadían meses extras cuando lo necesitaban;
los egipcios dividieron el año solar en 365
días, divididos en 12 meses de 30 días cada
uno, con cinco extras al final, hasta que en
el 238 a.n.e., el rey Tolomeo III ordenó que
se añadiera un día más cada cuatro años (a
la manera de nuestro año bisiesto); los
griegos tenían un año de 354 días y fueron
los primeros en intercalar meses sobre una
base científica; el calendario azteca
constaba de 18 meses, de 20 días cada uno, a
lo que sumaban los cinco días nemontemi o
aciagos, para un total de 365; los romanos
tenían diez meses con 304 días en un año que
comenzaba en marzo; enero y febrero fueron
añadidos con posterioridad, en el siglo vii
a.n.e.
Quizás no te hayas percatado de la similitud
de algunos nombres de los meses con los
números: diciembre, decem, diez, era el
décimo mes del año en el calendario romano;
noviembre, novem, era el noveno; octubre,
octo, ocho, era el octavo y septiembre,
septem, siete, era el séptimo.
Julio era el quinto mes del año según este
calendario y por eso fue llamado quintilis o
quinto; pero como era el mes en que había
nacido Julio César, luego de su asesinato,
recibió el nombre en su honor. De igual
forma, agosto, que originalmente fue llamado
sextilis, derivado de sextus, sexto, recibió
su nombre actual en honor al primer
emperador de Roma, Cayo Julio César Octavio
Augusto.
Marzo, primer mes del calendario romano, fue
así nombrado en honor a Marte, dios de la
guerra. Abril recibió el nombre de aprilis,
de aperire, abrir, probablemente porque es
la estación en la que empiezan a abrirse las
flores. Mayo era el tercer mes y su nombre
procede del de Maia, la diosa romana de la
primavera y los cultivos.
Con respecto a junio existen dudas. Unos
consideran que el nombre procede del de Juno,
diosa del matrimonio, o del nombre de un
clan romano, Junius. Otros consideran que el
origen del nombre de este mes —y el de mayo—
se halla en los términos latinos iuniores,
jóvenes y maiores, mayores, pues están
dedicados a la juventud y a la vejez
respectivamente.
Enero, que una vez añadido era el undécimo
mes del año, en el siglo I a.n.e., con el
calendario juliano, pasó a ser considerado
el primero. Está dedicado a Jano, el dios de
las dos caras, a quien el día primero, los
romanos ofrecían sacrificios para que
bendijera el nuevo año.
El nombre de febrero procede de la palabra
latina februa, con la que los antiguos
romanos denominaban los festivales de
purificación que celebraban durante este
mes. Por ser el último en añadirse, resultó
el más corto. Además, cuando el año es
bisiesto se le añade un día más.
¿Y cuándo un año es bisiesto? En el
calendario juliano, cada cuatro años había
uno bisiesto. Ello se debe a que la duración
del año astronómico —es decir la vuelta
completa de la Tierra— es de 365 días, 5
horas y 56 minutos, por lo que cada cuatro
años se acumulan 24 horas y 13 minutos más.
Por aquella época, los romanos llamaban al
primer día de cada mes calendas; al
referirse al 28 de febrero, los romanos
decían primum dies ante calendas martias
(primer día antes de las calendas de marzo).
Julio César intercaló un día entre el sexto
y el quinto día antes de las calendas, o sea
entre los días 23 y 24 de febrero, al que se
llamó bis sextus dies ante calendas martias,
o sea, segundo día sexto antes de las
calendas de marzo y al año que contenía ese
día se le llamó bissextus, término que, con
el tiempo, se convirtió en bisiesto.
Sin embargo, a pesar de ello, el calendario
juliano todavía no era lo suficientemente
preciso —si cuentas, verás que van sobrando
minutos— y en 1582, el papa Gregorio XIII le
impuso nuevas modificaciones: así surgió el
calendario gregoriano, que se usa hoy en
casi todo el mundo occidental y parte de
Asia y, según el cual, los años finales de
siglo, como 1800 o 1900 no son considerados
bisiestos, excepto cuando el número del
siglo es divisible por cuatro, como ha
ocurrido en el 1200, el 1600 y el 2000.
Como ves, el idioma es también la forma de
expresar el conocimiento científico.