Onomatopeya
PUBLICADO: 18/05/08
María Luisa García Moreno
Ilustración: Otane
Qué palabrita, eh! El término onomatopeya
procede de la voz onomatopoeia,
perteneciente al latín tardío y esta, a su
vez, del griego. Da nombre a la imitación o
recreación del sonido de algo en el vocablo
que se forma para significarlo y en algunos
casos se usa para referirse a fenómenos
visuales, por ejemplo: tic nervioso, zigzag.
También da nombre al vocablo que imita o
recrea el sonido de la cosa o acción
nombrada.
Además, es un recurso expresivo utilizado
fundamentalmente por los poetas líricos para
reproducir algún sonido: en este caso se le
llama onomatopeya o armonía imitativa. La
insigne poetisa camagüeyana Gertrudis Gómez
de Avellaneda, Tula, lo empleó en su poema
La pesca en el mar, donde reproduce el rumor
de las olas con el ritmo de los versos que
aparecen al final de cada estrofa:
[…]
de olvidar
y gozar
en el mar.
[…]
y callar
y pescar
en el mar!
Entre las voces onomatopéyicas más comunes
entre nosotros están aquellas que dan nombre
a determinados ejemplares de la fauna, y en
particular, de las aves, identificándolos
por el sonido que hacen al comunicarse con
sus semejantes o, sencillamente, al volar.
Tales son los casos, entre nuestras aves
endémicas o subendémicas, del zunzún (Chlorostilbon
ricordii ricordii) (picaflor, zumbador o
zumbete) —diferentes nombres que recibe
nuestro colibrí o zunzuncito—, del tocororo
o tocoloro (Priotelus temnurus), del
juanchiví u ojón (Vireo gundlachi), y del
totí (Dives atroviolaceus), a quien echamos
la culpa de todo, entre otras preciosas
joyas aladas de nuestra tierra.
Y por cierto, hemos empleado los términos
endémica y subendémica. Ambos se refieren
respectivamente a las especies propias o
exclusivas de determinados territorios —en
este caso, Cuba— en el caso del primero, o,
en el segundo, que tienen subespecies fuera
del territorio en cuestión, como es el caso
de nuestro zunzuncito, del cual existen
cerca de 300 especies, que habitan todas en
el continente americano. La más pequeñita es
la de Cuba: el zunzuncito, tan nuestro, que
poetas como Juan Cristóbal Nápoles Fajardo,
el Cucalambé, o Nicolás Guillén, nuestro
poeta nacional, le han dedicado sus versos.
También aparece en la música popular; así
dice el estribillo de una canción:
Ah, una curiosidad: esta avecilla que es
considerada la más pequeña del mundo, es muy
valiente y agresiva, sobre todo, a la hora
de defender su diminuto nido de algún
enemigo: se le ha visto persiguiendo al sijú
y al aura tiñosa, sobre cuyas cabezas se
coloca para picarlos reiteradamente,
incluso, a grandes alturas. Por ese coraje
para defender su territorio nos representa,
como el tocororo por sus colores, que son
los de la bandera cubana.