Guion…
sin tilde
PUBLICADO: 31/03/08
María Luisa García Moreno
Ilustración: Yusell Marín
Cada vez que veo en la televisión, o en una
revista, la palabra guión con tilde, pienso
en lo difícil que nos resulta a los humanos
desprendernos de las costumbres. ¿Has
pensado en los nombres de las calles, por
ejemplo? ¿Sabes cómo se llama la calle a la
que seguimos diciendo Carlos III? Pues se
llama Salvador Allende… Nada, que la fuerza
de la costumbre es terrible.
Es cierto que durante muchos años escribimos
guion con tilde, pero el razonamiento
lógico, por ley, debe imponerse.
¿Qué diferencia hay entre dio, vio y guion?
Ninguna. Las tres son monosílabas, por tanto
no se ajustan a la regla de acentuación que
dice que las palabras agudas se atildan
cuando terminan en n, s o vocal. Tampoco hay
ninguna razón para que estos vocablos lleven
tilde diacrítica o diferenciadora.
La Real Academia Española (RAE) en el libro
Ortografía, que salió en 1999, analiza este
vocablo y precisa que no debe llevar tilde;
aunque, quizás por prudencia, pues en estas
cuestiones del idioma no se puede ser muy
radical, añade que “admite el acento
gráfico, si el que escribe percibe que hay
hiato”.
Pero en nuestra variante no se pronuncia con
fuerza en la i, y de tener hiato, la tilde
iría sobre la í, como en día, lío, mío y
tantas otras. La tilde sobre la ó mantendría
el diptongo y, por tanto, el carácter
monosilábico de la palabra, de ahí que sea
absolutamente innecesaria.
Lo mismo ocurre con truhan (“sin vergüenza,
estafador”), voz mucho menos usada, y en la
que la presencia de la h no obstaculiza el
diptongo.
Así que no te preocupes: marcha con los
tiempos y escribe guion y truhan: así, sin
tilde.
También puedes escribir solo y los
pronombres demostrativos este, ese, aquel y
sus variantes sin tilde. En esas palabras
resulta innecesaria la tilde diacrítica,
pues, por lo general, por el contexto se
sabe si solo es adjetivo o adverbio, si los
pronombres están en función sustantiva o
adjetiva.
Por cierto que fue precisamente en la
Ortografía de 1999 donde la Academia planteó
que las formas verbales con pronombre
enclítico (pronombre personal que se escribe
después y unido al verbo) solo llevarían
tilde cuando les correspondiera según las
reglas generales de acentuación: pregúntales
(esdrújula), marchose (llana).
Fue esa la única modificación trascendente
que presentó esta versión. Y es que en
materia de ortografía, los cambios deben ser
bien cautelosos. ¿Te imaginas qué ocurriría
si, como reclaman el novelista colombiano
Gabriel García Márquez y muchos otros, se
hiciera una transformación radical de la
compleja ortografía española, si
desapareciera la h, si tuviéramos una sola
b-v?
Realmente, sería terrible porque, de pronto,
sentiríamos que se nos hace desconocida una
herramienta tan familiar desde la primera
infancia como la escritura.
Los cambios vendrán y se encaminarán a la
simplificación, pero poco a poco…