Tres
eran tres…
María Luisa García Moreno
Ilustración: Jesús Rodríguez
Así decía la canción tema de
unas famosas aventuras muy populares por los
años 40 ó 50 del pasado siglo: me refiero a
Los tres Villalobos; pero hoy no vamos a
hablar de personajes, sino de tres palabras,
cuyo origen resulta interesante.
Si has visto la película El jorobado de
Nuestra Señora, recordarás las gárgolas;
pues bien, existen varias versiones acerca
del origen de esta palabra. Según la más
aceptada, gárgola y gárgara proceden de
gargouille, que significa gaznate, garganta.
Un antiguo mito francés del siglo XVII
cuenta que un dragón salió del río Sena y,
en vez de lanzar fuego, echaba agua y así
inundaba los pueblos de los alrededores de
París, hasta que, enfrentado y domado por el
obispo de Rouen, fue muerto y quemado. Antes
le cortaron la cabeza y la colocaron en el
frente de una casa. Muchos edificios
antiguos están adornados con figuras de
criaturas que dan miedo y que, generalmente,
tienen un tubo para verter el agua: se les
llama gárgolas en recuerdo de Gargouille.
Por su parte, el término villano
originalmente significó habitante de casa de
campo, labriego; al surgir en los siglos
XII,XIII y XIV las villas, alrededor de los
castillos feudales, se llamó así al hombre
de baja clase social, no hidalgo, que servía
a los señores y realizaba diversos oficios.
Hoy, significa malvado, ruin, indecoroso. Lo
mismo ocurre con burgo —nombre dado a esas
villas—, procede del latín burgus, arrabal,
ciudad pequeña; sin embargo, ahí está el
origen del término burguesía, clase social
que, como sabes, ha sido la gestora de las
grandes urbes modernas.
En cuanto al caguairán (Guibourtia
hymenaeifolia), es el nombre de un árbol
endémico de Cuba, hoy bastante escaso, que
crece en los bosques de todo el país. En la
región occidental se le conoce como
quiebrahacha, en alusión a su dureza y
resistencia. Pertenece a la familia botánica
de las Cesalpináceas. Llega a alcanzar más
de diez metros de altura y sus hojas son
compuestas, con dos foliolos oblicuos,
lustrosos, reticulados, de color verde
brillante, terminados en una fina punta, de
entre cuatro y ocho centímetros de largo. Su
tronco es liso, alto, robusto y su madera es
de color rojo vino. El sabio cubano Tomás
Roig, en su Diccionario botánico, lo
describió como incorruptible, compacto, de
una dureza extraordinaria. El caguairán se
incluye entre las más duras y valiosas
especies maderables de Cuba, apropiada para
construcciones duraderas.
Quizá por eso, don Ángel Castro construyó
con esa madera la casa de Birán, donde
nacieron sus hijos. Quizá de este árbol
provengan la fuerza y la firmeza de
principios de nuestro invencible Comandante
en Jefe. Quizá del caguairán haya heredado
el pueblo cubano su energía, su abnegación y
su resistencia.