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Queredlas
cual las hacéis
PUBLICADO: 30/4/08
Carlos Castro
Ilustración: Otane
Tal es el título del cuaderno de poesía presentado por Casa
Editora Abril, a la que pertenece tu Revista PIONERO, en la
reciente XVII Feria Internacional del Libro Cuba 2008.
Se trata de una cuidada selección hecha por Maylén Domínguez
Mondeja y Noel Castillo, en tanto la cubierta estuvo a cargo de
Orestes Castro García.
En sus páginas, los versos viajan desde la más oriental de las
provincias hasta el extremo occidental de la isla. Unos nacieron
entre el asfalto de las ciudades, otros a orillas del mar o los
ríos y los hay hechos entre lomeríos y empinadas montañas. La
variedad es tan evidente como sus ritmos y maneras de decir.
Veamos:
Mi hija baila rock montada en el equilibrio
se ha soltado el pelo
y rompe la cabeza contra el piso
es acróbata malabarista
se empeña en domesticar leones
dice que son mansos…
Danza del Equilibrio, de Nuvia Estévez (Las Tunas)
Fabulosa es mi suerte comparada
con el tedio de las grises poetisas anteriores.
Y aun que no sepa escribir una elegía,
puedo hacer la sopa con una mano,
y escribir con la otra un poema breve
sobre la triste poetisa de ayer,
que abandonaba la redacción de su elegía
para cocinar la sopa.
El Progreso, de Gleyvis Coro Montanet (Pinar del Río)
De haber podido sostenerte
de haber podido liberar, rosa, tu espacio
salvarte de la muerte y de la arena
habría violado el ritmo y la nostalgia
yendo a lo falso en contra.
Hubiera sido, hasta el extremo, débil
ingenuamente deslumbrada al provocar
tu detención
No haber podido sostenerte
es necesario para todo aprendizaje:
de mi impotencia se sostiene el universo.
Salvado Otoño, de Katia Gutiérrez (Guantánamo)
El camina
como yo
pero no vamos juntos
llegamos a los sitios donde una puerta
o más
ha sido clausurada
Incluso
alguna vez
las nuestras corrieron esa suerte
cuando mencionaron nuestros nombres…
Los que llegan nuevos, de Teresa Fornaris (Ciudad de La Habana)
Leve y húmeda como esta toga me encuentro.
Sentada al borde de una isla.
Tarareando una melodía antigua,
no quiero extraviar mi voz
en el minuto que transcurre
con un equilibrio poco comprensible.
Yo soy tú. No lo olvides,
me amarás desesperadamente sin redimir el caos.
Mesalina, de Clara Lecuona Varela (Cienfuegos)
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