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Diamante
con alma de beso
En la pasada Feria del Libro, Ediciones Abril presentó El
pequeño Ignacio, hermosa semblanza ilustrada del héroe, de la
autoría del historiador Roberto Pérez Rivero, quien hace énfasis
en la infancia y primera juventud de Agramonte. Este título
forma parte de la colección que nuestra editorial realiza para
dar a conocer cómo se forjaron las más grandes personalidades de
la historia de América, la cual incluye Cuando el Che era
Ernestito y El niño que fue Bolívar
PUBLICADO: 2/05/08
María Luisa García Moreno
Ilustraciones: Portada del libro
En cuna rica había llegado a la vida el 23 de diciembre de 1841,
en la villa de Puerto Príncipe —hoy Camagüey— un niño que
estaría llamado a ocupar un sitio protagónico en el panteón de
los héroes de la Patria. Sus amantes padres, Ignacio y María
Filomena, supieron inculcarle desde los primeros años valores
morales y un profundo amor a su Cuba esclavizada.
Su figura se enlaza con la de Joaquín de Agüero, quien el 4 de
julio de 1851 dio el primer grito en pro de la soberanía y
proclamó la libertad de sus esclavos. La leyenda cuenta que
Ignacio, con apenas nueve años de edad, mojó su pañuelo en la
sangre de este mártir de la patria.
Se cree que estudió en La Habana en el colegio que dirigía José
de la Luz y Caballero —formador de muchos patriotas cubanos—, en
la Universidad de Barcelona y en la Real y Pontificia
Universidad de San Gerónimo de La Habana, donde se destacó por
su inteligencia y demostró sus ansias libertarias. Licenciado en
1865, comenzó a ejercer como abogado a la par que preparaba el
doctorado e iniciaba sus relaciones amorosas con una hermosa y
distinguida joven camagüeyana, su novia eterna, Amalia Simoni.
Las cartas que los enamorados se cruzaron constituyen un
hermosísimo epistolario.
Muy poco antes de que estallara la Guerra de los Diez Años, el
1ro. de agosto de 1868, se casaron y se fue a la manigua el 11
de noviembre —el alzamiento de Las Clavellinas, en Camagüey, fue
el 4 de noviembre, pero Ignacio cumplía otras tareas
conspirativas—. Muy pronto se destacó como líder político y
genial jefe militar.
Con su propio ejemplo supo formar una aguerrida y disciplinada
tropa. El desempeño de la caballería camagüeyana forjada bajo su
mando fue, sencillamente, extraordinario.
Máximo Gómez, quien llegaría a ser la principal figura del
Ejército Libertador, y que fue el jefe designado para sustituir
a Agramonte tras su trágica y prematura muerte, supo reconocer
la eficiencia del Mayor al mando de sus hombres y lo expresó con
emotivas palabras: […] inspirado en puro patriotismo dejó
asegurada la Revolución en esta parte.
Agramonte les hará tanto daño muerto como les hizo vivo […]. Y
así fue: el ejemplo inmortal del héroe caído se convirtió en
acicate y arrojo.
También Martí se refirió a él: […] Era como si por donde los
hombres tienen corazón, tuviera él estrella , y el propio Fidel,
en el centenario de su caída en combate, expresó que Agramonte
[…] organizó, disciplinó y entrenó la caballería y la infantería
de Camagüey y Las Villas, dotó a esas fuerzas de un magnífico
espíritu de combate y las capacitó para la lucha.
Por eso, agradecidos, lo recordamos con emoción y orgullo en
este aniversario 135 de su caída en combate y en cada minuto de
nuestras vidas. Como tantas otras figuras de la historia,
Agramonte es timón y brújula.
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