Amistad
nacida en la guerrilla
PUBLICADO: 19/03/08
Sissi
Ilustración: Archivo
Se conocieron en momentos cruciales de sus
vidas y de la historia de Cuba. Camilo
Cienfuegos y Ernesto Guevara son símbolos de
los mejores sentimientos de nuestro pueblo.
Con el tiempo, ambos se profesaron una
profunda amistad y admiración mutua que el
Che reflejaría en diversas intervenciones.
Una de ellas fue la del 28 de octubre de
1964, la que te brindamos a continuación.
(…) Yo quería decirles pocas palabras y
tratar de expresarles lo que creo que
significa Camilo. Es muy difícil, casi
imposible diría.
Yo conocí a Osmani a través de Camilo, un
día de derrota, uno de los tantos días de
derrota que tuvimos que afrontar. Nos habían
sorprendido; en la huida yo perdí mi
mochila, alcancé a salvar la frazada nada
más, y nos reunimos un grupo disperso. Fidel
había salido con otro grupo. Éramos unos 10
ó 12. Y había más o menos una ley no escrita
de la guerrilla que aquel que perdía sus
bienes personales, lo que todo guerrillero
debía llevar sobre sus hombros, pues debía
arreglárselas. Entre las cosas que había
perdido estaba algo muy preciado para un
guerrillero: las dos o tres latas de
conserva que cada uno tenía en ese momento.
Al llegar la noche, con toda naturalidad
cada uno se aprestaba a comer la pequeñísima
ración que tenía, y Camilo —viendo que yo no
tenía nada que comer, ya que la frazada no
era un buen alimento— compartió conmigo la
única lata de leche que tenía, y desde aquel
momento yo creo que nació o se profundizó
nuestra amistad.
Tomando sorbos de leche y disimuladamente
cuidando cada uno de que el reparto fuera
parejo, íbamos hablando de toda una serie de
cosas. En general versaba la conversación
sobre comida, porque las conversaciones de
las gentes versan sobre los problemas más
importantes que les aquejan, y para nosotros
la comida era una obsesión en aquellos días.
Así, me contó del arroz... no, de la harina,
creo que la harina con cangrejo, que era una
especialidad de la mamá de Camilo, y me
invitó a comerla después del triunfo.
(…) Hasta ese momento, no éramos
particularmente amigos; el carácter era muy
diferente. Desde el primer momento salimos
juntos. Desde el Granma, desde la derrota de
Alegría de Pío estábamos juntos, sin
embargo, éramos dos caracteres muy
diferentes. Y fue meses después que llegamos
a intimar, extraordinariamente.
Chocábamos por cuestiones de disciplina, por
problemas de concepción de una serie de
actitudes dentro de la guerrilla. Camilo en
aquella época estaba equivocado. Era un
guerrillero muy indisciplinado, muy
temperamental; pero se dio cuenta
rápidamente y rectificó aquello. Aun cuando
después hiciera una serie de hazañas que han
dejado su nombre en la leyenda, me cabe el
orgullo de haberlo descubierto, como
guerrillero. Y empezó a tejer esa urdimbre
de su leyenda de hoy, en la columna que me
había asignado Fidel, mandando el Pelotón de
Vanguardia.
Después, fue comandante; escribió en el
llano de Oriente una historia muy rica en
actos de heroísmo, de audacia, de
inteligencia combatiente e hizo la invasión,
en los últimos meses de la guerra
revolucionaria.