Castillo de San Salvador de la Punta: el
escudo de La Habana
Historia y presente de esta fortaleza,
perteneciente al conjunto de fortificaciones
militares cubanas declaradas Patrimonio de
la Humanidad por la UNESCO

PUBLICADO:
13/10/08
Adry Rodríguez Collazo
Fotos: Ismael Almeida
Durante la segunda mitad del siglo XVI el
intenso tráfico alrededor de
la bahía habanera, principal sitio de
reunión de la flota y la armada
españolas, la convirtió en punto vulnerable
a los ataques de piratas.
A partir de entonces, España comienza a
desconfiar de sus flotas como
único medio para la defensa de las costas
americanas y emprende la
construcción de fortalezas para que las
villas se defendieran por sí
mismas.
De esta tarea encargan al maese de campo
Juan de Tejeda y al ingeniero
militar Bautista Antonelli, quienes en 1588
presentan ante la junta de
Puerto Rico las plantas y diseños de las
fortificaciones que se
proyectaban en distintos puntos de las
Indias, para garantizar la
seguridad de los puertos del Mar Caribe.
Así nace el sistema defensivo a escala
continental, dentro del cual se
insertan las fortalezas habaneras, el
llamado "escudo de La Habana",
conformado por los castillos del Morro, la
Punta y la Fuerza.
Por entonces, el volumen de fortificaciones
en las bahías americanas
estaba dado por su importancia en el
movimiento de flotas, así La
Habana indudablemente tenía que ser la más
fortificada puesto que era
el punto de reunión de las flotas, además en
este puerto había un gran
volumen de riquezas en espera de salir para
España, por tanto el
puerto habanero fue el enclave mejor
protegido de este sistema
defensivo a escala continental.
La construcción de San Salvador de la Punta,
una de las
fortificaciones claves dentro de este
sistema, duró alrededor de
cuarenta años (1590-1630) y su posición,
hermanada con la del Morro a
ambos lados de la entrada del puerto
habanero, creaba sistemas
cruzados de fuego que defendían la entrada
de la rada.
La Punta es una fortaleza de forma
trapezoidal con una plaza de armas
como centro y baluartes en cada esquina: el
de Tejeda, el baluarte de
San Lorenzo, el de Antonelli y el de
Quintanilla. Estos baluartes son
característicos de la fortificación que se
ha dado en llamar
fortificación renacentista, aparecen con la
artillería de fuego y
permiten el emplazamiento de armas que
facilitan el fuego cruzado.
En varias ocasiones, debido a la falta de
presupuesto, se planteó
dejar de construir las fortalezas, sin
embargo, tras su culminación La
Punta demostró su utilidad y cumplió su
misión defensiva ante ataques
de corsarios y piratas. La toma de La Habana
por los ingleses no se
pudo realizar por mar debido a que el
sistema defensivo tras más de un
siglo de construido aún era respetado y
resultaba un elemento
disuasivo. Durante este evento bélico y ante
la ocupación del Morro
por los ingleses, este castillo se convierte
en enemigo de La Punta.
Dos fortalezas que habían sido hermanas
desde su nacimiento en este momento se convierten en contrarias y el
castillo de La Punta comienza
a disparar contra el castillo del Morro.
Tras recuperar los españoles
La Habana, se reparan estas fortificaciones
y se construyen nuevas
defensas como La Cabaña, el Castillo del
Principe y el de Atarés.
En diversas épocas de su historia La Punta
sufrió modificaciones,
asociadas al desarrollo de la armamentística
y a finales del siglo
XIX, ante las pretensiones de ocupación
militar de Estados Unidos,
pasa a formar parte junto a otras
construcciones militares, del Frente
Marítimo de La Habana.
Con la independencia frustrada y la
intervención norteamericana ya no
hacían falta las defensas costeras y La
Punta ocupó diversas funciones
como sede del Estado Mayor de la Marina
Nacional (1915-1953) y puesto
naval de la Marina de Guerra (1953-1959).
Después del triunfo de la revolución La
Punta fue Escuela de Milicias,
en la década del setenta sede del Instituto
Cubano de Hidrografía y
entre 1978 y finales de la década del
ochenta, centro de gastronomía.
Después la fortaleza, según Eusebio Leal,
sufrió el peor de los
destinos: el abandono. Hasta que, con la
declaración del centro
histórico y el sistema de fortificaciones de
La Habana como Patrimonio
de la Humanidad, se acometió la restauración
del Castillo de La Punta,
que abrió sus puertas como museo en abril de
2002 y exhibía
colecciones de arqueología subacuática,
monografía histórica de la
fortaleza y modelismo naval del período
colonial.
Luego, tras la terrible experiencia del
huracán Wilma en 2005 que
inundó totalmente la fortaleza, se retiraron
el grueso de las
colecciones, quedando una sala con la
monografía del castillo y
algunas exposiciones sobre todo del tema de
artillería de diferentes
momento de los siglos XVI, XVIII y XIX con
piezas de valor histórico
incalculable.
Hoy se pretende que el lugar se convierta en
un museo de sitio, donde
las personas visiten la edificación por su
valor arquitectónico,
representativo de un momento dentro de la
arquitectura militar, que se
ha dado en llamar la fortificación
renacentista y abaluartada; un
museo donde las personas caminen, vean sus
cañones, se tomen fotos
frente al Morro, un museo para caminar, sin
pretensiones de grandes
exposiciones, ni transitorias ni
permanentes, donde esperamos
encontrarte.
*Agradecemos la colaboración
de Jorge Echeverría, especialista
principal del Museo Castillo de la Real
Fuerza.