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Octubre de gloria

PUBLICADO: 07/10/08
María Luisa García Moreno
Ilustraciones: Roberto Alfonso


Se cumplieron 140 años del inicio de nuestras gestas libertarias. Aquel 10 de Octubre en el que nacimos como nación y todos los hechos de heroísmo que le dieron continuidad vivirán por siempre en la memoria de todos los cubanos. La memoria no es para quedarnos en el pasado; la memoria es para iluminar el presente. Los pueblos que no tienen memoria son pueblos que fracasan, son pueblos que terminan dominados, afirmó el argentino Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz (1980).

Cuba nunca será dominada; agradecidos, los cubanos de hoy bebemos cotidianamente del ejemplo de nuestros fundadores.

10 de Octubre de 1868. Ilustración: Roberto Alfonso.Alzamiento de La Demajagua
(10 de Octubre de 1868).

A mediados de 1868, todos concordaban en cuanto a la necesidad de levantarse en armas y solo se trataba de determinar el momento más oportuno.

Muchos eran partidarios de aguardar hasta que, vendida la zafra, se dispusiera del dinero suficiente para adquirir armas; otros defendían la idea de hacerlo de inmediato.
Se sucedieron diferentes reuniones de los conspiradores hasta que, en el ingenio El Rosario, se fijó el 14 de octubre como fecha del alzamiento.

Pero el 8, llegó a Manzanillo un telegrama del capitán general Lersundi, en el que se ordenaba detener a los conspiradores. Por fortuna, el telegrafista, sobrino de Carlos Manuel de Céspedes, se apresuró a avisar, antes de enviar el mensaje a las autoridades, lo cual precipitó los acontecimientos: el 10 de Octubre de 1868, a media mañana, Céspedes lanzó el grito de independencia en el batey de su ingenio Demajagua y se convirtió en el jefe de la revolución que recién comenzaba. Según Fidel, lo que engrandece a Céspedes, no es solo la decisión adoptada [...] de levantarse en armas, sino el [...] concederles la libertad a sus esclavos [...].

La acción del bayamés arrastró tras de sí a los demás comprometidos y, en los días siguientes, Manzanillo, Jiguaní, Holguín y Las Tunas se convirtieron en un hervidero revolucionario. Estallaba así la primera de nuestras guerras por la independencia.

Ataque a Yara. Ilustración: Roberto Alfonso.Ataque a Yara
(12 de octubre de 1868)

Céspedes, para dar a conocer la existencia de la insurrección y proveerse de armas, decidió realizar la primera acción militar: el ataque a Yara.

Emprendieron la marcha de madrugada y cerca del mediodía, Céspedes organizó las fuerzas y nombró los jefes. Un centenar de hombres con solo 36 armas de fuego continuó la marcha. Se enviaron exploradores y se notificó al jefe de la plaza, la intención de pernoctar en el poblado, a lo que este respondió que se sometería sin condiciones.

Reanudaron la marcha hacia Yara bajo una lluvia que inutilizó los cartuchos que llevaban. Al frente iban los escopeteros; inmediatamente detrás, Céspedes, Masó y algunos otros, seguidos por los que carecían de armas, y cerraban la columna los macheteros.

Mientras, desde Manzanillo enviaron refuerzos, que se emboscaron en la iglesia y los portales de las casas que daban a la plaza pública. Cuando los cubanos penetraron de noche en la villa, confiados y al grito de ¡Viva Cuba Libre!, fueron sorprendidos por una nutrida descarga de fusilería que los dispersó. Solo se mantuvieron firmes junto a Céspedes, el abanderado Ángel Maestre y otros diez. Fue a raíz de esa derrota que el Padre de la Patria exclamó: Aún quedamos doce hombres. ¡Bastan para hacer la independencia de Cuba!
Toma de Bayamo
(18-20 de octubre de 1868).

Carlos Manuel de Céspedes, con más de un millar de hombres, se había presentado frente a la ciudad de Bayamo e iniciado el ataque a las 9:00 de la mañana del 18 de octubre de 1868. El jefe militar de la plaza, el general Udaeta, se había preparado para la defensa; pero sus planes fallaron, entre otras causas, porque un gran número de milicianos y bomberos de color saltaron las barricadas y se sumaron a las fuerzas de la Revolución. Sin embargo, la tenaz resistencia española obligó a los cubanos a luchar hasta el día 20, cuando el gobernador capituló con todos los jefes, oficiales y soldados de la guarnición.

La rendición de la ciudad proporcionó armas, municiones y víveres a las fuerzas insurrectas que integraban el naciente Ejército Libertador y propició la incorporación de nuevos combatientes a la lucha; pero, además le brindó prestigio a la Revolución y convirtió a Bayamo en la sede del gobierno y capital de la República en Armas.

Nuestro Himno Nacional (20 de octubre de 1868).

El bayamés Pedro Figueredo y Cisneros, desde muy temprano, se había incorporado al movimiento conspirativo. Su trayectoria y sus conocimientos de música hicieron de él la persona elegida para componer la marcha que después se convertiría en nuestro Himno Nacional (14 de agosto de 1867); luego conversó con el maestro Manuel Muñoz Cedeño, para que la orquestara, y con el padre José Batista para interpretarla al finalizar la misa, aprovechando que las festividades del Corpus Christi culminarían con un Te Déum en el que estaría presente el gobernador español, Julián Udaeta, quien al escuchar las notas se sorprendió ante los vibrantes acordes, cuya intención era más que elocuente, y mandó a buscar al director de la orquesta y al autor, a quien le dijo que aquella pieza no tenía nada de religiosa y sí mucho de guerrera. El cubano respondió, con discreción, pero con energía: Usted no puede determinar que este es un canto de guerra puesto que no es músico. No obstante el español quedó con dudas, que la vida se encargaría de disipar al darle la razón muy poco después, cuando el 20 de octubre de 1868 tuvo que entregar, derrotado, la ciudad de Bayamo a los insurrectos.

Cuando entraron en Bayamo las huestes insurgentes, Perucho se hallaba entre ellos y, montado en su caballo Pajarito, en medio de una multitud enardecida, escuchó cómo su marcha era secundada por el entusiasmado pueblo bayamés, que le reclamaba la letra.

En medio de intensa emoción, extrajo una hoja de su cartera, cruzó una pierna sobre la montura y escribió. La hoja pasó de mano en mano y el canto libertario se multiplicó hasta el infinito: eso ocurría el 20 de octubre de 1868, fecha que, en honor a Perucho y al himno por él creado, los cubanos consideramos Día de la Cultura Nacional.

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