Curalotodo
PUBLICADO: 11/07/09
Por: Lucía Sanz Araujo
Estoy casi segura de que, si te duele la cabeza o tienes fiebre, tomarás un aspirina, sin duda alguna el más popular y utilizado de los medicamentos en todo el mundo.
Y es que el ácido acetilsalicílico hace descender la temperatura cuando por causa de alguna enfermedad sobrepasa los 37 grados, y además alivia numerosos dolores. Más, ¿sabes cómo ocurre esa acción?
En el primer caso, es decir, como antipirético, la aspirina actúa directamente sobre el hipotálamo –el regulador de la temperatura corporal- restaurando la actividad de las neuronas termosensibles. El hipotálamo estimula el aumento de la sudoración y provoca una vasodilatación para favorecer la pérdida de calor.
Como analgésico, la aspirina pasa, una vez ingerida, de las paredes del intestino a la corriente sanguínea. Cuando llega a las proximidades de las terminaciones nerviosas periféricas actúa como un re equilibrador del medio, neutralizando la alcalinización, responsable de que los sensores nerviosos hayan avisado, con sensación de dolor, de que el medio – normalmente ácido- se había vuelto alcalino. El ácido acetilsalicílico restablece la acidez, de esa forma la sensación de dolor cesa.
Asimismo, nuestra amiga resulta un eficaz antiinflamatorio y antirreumático.
Por si fuera poco, estudios desarrollados en Estados Unidos han puesto de manifiesto que las mujeres mayores de 50 años podrían reducir el riesgo de sufrir ataques de apoplejía, pero no de ataques cardíacos, si toman de manera regular dosis baja de aspirina, además de que ayudaría también a evitar ambos problemas en féminas mayores de 65 años.
Algo bien curioso es que los resultados hasta la fecha son opuestos a los que suceden en los hombres que toman aspirina, pues se registra una reducción de los ataques cardíacos, aunque los beneficios en materia de derrames cerebrales son limitados.
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