Fruta para ensaladas
PUBLICADO: 22 /08/09
Por: Lucía Sanz Araujo
Durante sus últimos años, el rey de Francia Luis XV gustaba de comer – crudo o en ensalada- un fruto al cual llamaba la bonne poire, traído desde Haití, y que costaba una verdadera fortuna.
Ese producto que, esperaba fuera capaz de tonificar su ya caduca virilidad, era... el aguacate.
Oriundo de América Central, era denominado por los nahoas y aztecas ahucalt, palabra que significa testículo. Con ello determinaban su forma y también aludían a su efecto afrodisíaco. De ese vocablo se deriva el nombre actual de aguacate, árbol de la familia de las lauréaceas, con más de 10 metros de alto.
Los numerosos elogios hechos por los cronistas de Indias, viajeros y naturalistas impulsaron la extensión de su cultivo por toda la América. Y además enviaron semillas y plantones a España, donde se aclimató en las Islas Canarias y algunas zonas del litoral mediterráneo.
En Cuba, fue introducido durante la conquista hispana, y hoy se cultiva con gran éxito. Muchas son las variedades obtenidas, pero la más famosa por su consistencia panuda o amasada y sabor almendrado es la Catalina, procedente del poblado de Catalina de Güines, en la provincia de La Habana.
Las hojas del aguacate, de color verde brillante, tienen forma aovado-lanceolada. Sus frutos, por fuera verdes y por dentro amarillos, parecen una pera, en su interior exhiben un gran hueso, y contienen gran cantidad de grasas, carbohidratos y proteínas. Cada 100 gramos de pulpa proporciona entre 150 y 300 calorías. Además, posee fósforo, calcio, hierro, vitaminas A, B, B1, B2, D, E, y K.
De sabor suave, y algo dulzón, constituye una excelente opción para los diabéticos, pues tiene muy bajo contenido de azúcares. Según investigaciones realizadas por especialistas mexicanos, este fruto es eficaz para combatir la arteriosclerosis y los altos niveles de colesterol en sangre aunque junto a su ingestión es necesario reducir las grasas animales.
Puede ser empleado de diversas maneras. En Cuba suele ofrecerse en ensaladas, aderezado con aceite, sal y unas gotas de zumo de limón, solo o acompañando a otras frutas u hortalizas.
Debe ingerirse cuando llega a la madurez. Una forma de acelerarla es envolverlo en papel para concentrar los gases exhalados por el propio fruto. A fin de evitar su decoloración – oxidación- una vez cortado, debe mantenerse el hueso en su sitio.
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