
Maravilla vegetal
PUBLICADO:
1/06/09
Por: Lucía Sanz Araujo
Los antiguos romanos la
llamaban reina y le dedicaban poemas; los
libros de cocina de franceses y alemanes, ya
en los siglos XVI y XVII, incluían recetas
en las que era el principal componente, en
tanto las creencias populares la ubicaban
como el manjar predilecto de los gnomos.
Te hablo de la zanahoria,
cuyo nombre científico es Daucus carota
sativa, de la que existen diversas
variedades y que constituye una de las
hortalizas más populares en todo el mundo.
Rica en vitaminas del grupo
B, además de las C, D y E, así como
caroteno- este último se transforma en
vitamina A en el organismo animal- que
contribuye al buen estado de la visión, la
piel y las mucosas; también posee azúcares,
celulosa, lecitina, sales de potasio,
calcio, sodio, aceites volátiles y grasos,
cobre, yodo, cobalto, hierro, fósforo y
magnesio, nada que es un almacén de
nutrientes.
Además de sus indiscutibles
encantos culinarios que la hacen preferida
como guarnición de pescados y carnes, y
protagonista de una cena ya sea en forma de
guiso o sopa – a lo que añadiríamos su jugo
como excelente aperitivo- esta verdadera
maravilla vegetal exhibe valiosas cualidades
medicinales. Veamos algunas.
Gracias a sus sustancias
aromáticas esta raíz es excelente para
estimular el apetito; elimina los cólicos y
disipa los gases que emite el organismo, de
ahí la importancia de ingerirla después de
las comidas; ayuda a combatir el
estreñimiento y las dolencias intestinales.
¿Otros beneficios? Es
diurética, o sea, agiliza el proceso de la
orina; emenagoga, facilita la desintegración
y expulsión de los cálculos renales;
vigoriza la mente gracias a su contenido en
fósforo y restaura los nerviosa.
Su zumo resulta antiséptico,
normaliza la sangre, fortalece la vista y el
cabello, es ideal para combatir la acidez,
el reumatismo. La anemia y los desórdenes
digestivos. Si se ingiere con un poco de
miel o jugo de limón ayuda a mejorar las
enfermedades respiratorias, las afecciones
del pecho, el asma y los catarros
bronquiales.
Según los especialistas, la
mejor forma de conservar sus nutrientes es
comerla cruda, por supuesto bien lavada,
pero si se decide a cocinarla hiérvala al
vapor o échela al agua cuando ésta ya haya
comenzado a hervir a fin de no destruir la
vitamina A.
Por último otra curiosidad.
De sus semillas se obtiene la daucarina, a
la que se le atribuyen propiedades
tranquilizantes, espasmolíticas y
vasodilatadores.