La decisión de Lismayi
PUBLICADO: 31/08/09
Por Teresa Valenzuela
Hace unos días conocí a una estudiante que está muy feliz. Se nombra Lismayi Avila Núñez y acaba de terminar el noveno grado en la secundaria básica Felipe Poey Aloy, del municipio Plaza de la Revolución en la capital cubana.
Sin embargo, esa no es la única razón que llena de alegría el corazón de la jovencita, existe otra por la que ha recibido la felicitación de sus maestros y compañeros de escuela: decidió ser maestra general integral.
Ella es una de los dos mil egresados de esa enseñanza que manifestaron su disposición a integrar las filas del magisterio en la capital. A continuación comparto con ustedes el diálogo que sostuvimos:
¿Desde cuándo quieres ser maestra?
Desde pequeña me gustó enseñar a mis amiguitos lo que yo sabía, por eso, poco a poco se me desarrolló la vocación y debo decir también que desde hace algún tiempo en la propia secundaria básica, a menudo mis profesores conversaban conmigo sobre la importancia e interesante que resultaba enseñar a otros y formarlos para que fueran útiles a la sociedad y a ellos mismos.
¿No es muy apresurada esta decisión?
Estoy segura que no, ya que di un paso hacia adelante por algo que me gusta mucho, por desarrollar más los conocimientos sobre la enseñanza, y desde ahora sé que eso me hará dichosa. En ocasiones anteriores les he impartido determinadas materias y sentido la felicidad de que les he dado una parte buena de mi que los ayudará en la vida.
¿Cómo recuerdas a tus maestros?
Como personas muy buenas y cariñosas que me inculcaron a ser cada día mejor y a querer a mi país;por eso todos los días practico lo que ellos me enseñaron, de ser una niña educada y dar el paso al frente por la Revolución.
Sin tener que buscar mucho en la memoria Lismayi recuerda, además, los nombres de sus maestros Rafaela Vargas,Angela y Luis Orlando: sus profesores más queridos de séptimo, octavo y noveno grados.
¿Cómo quisieras que te recordaran tus alumnos?
Como una buena maestra que le inculcó valores y los condujo por un buen camino.
Sin duda alguna, Lismayi tomó la mejor de las decisiones; ser maestra para como dijo José Martí, el más universal de los cubanos; labrar el alma de sus alumnos.
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