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En la Cuba contemporánea, comunicarse con los jóvenes utilizando la norma culta del habla, se convirtió en un reto. Ilustración: Raikof.Un reto de comunicación

Sobre las variantes del español modernas que utilizan los jóvenes en su discurso cotidiano, conversamos con la Dra. Nuria Gregori, directora del Instituto de Literatura y Lingüística

PUBLICADO: 14/01/09
Por Adry Rodríguez Collazo
Ilustración: Raikof
 

Había una vez una sociedad donde todo cambió. Los padres se convirtieron en puros, las muchachas bonitas en mangos o cañón, las personas inteligentes en tacos y los orgullosos en creyentes. En esta sociedad, a los indeseables se les recomendaba multiplicarse por cero, los amigos eran los/las míos/as, el hola fue sustituido por el que volá, todo aquel que dijera algo ingenioso estaba escapao y los pesados eran tipos fula...… 

En la Cuba contemporánea, comunicarse con los jóvenes utilizando la norma culta del habla, se convirtió en un reto. 

Según la Dra. Nuria Gregori, directora del Instituto de Literatura y Lingüística, el origen del  lenguaje o jerga de los jóvenes no ha podido definirse, ha existido siempre y se trata de la presencia de formas léxicas peculiares que utilizan los adolescentes de cada generación por la necesidad que sienten de mostrarse, de ser diferentes al resto de la sociedad.  

Es de cierta manera una forma de divertirse,  de llamar la atención, creando palabras nuevas o dándoles nuevos significados; no pocas veces utilizando vocablos de los elementos marginales de la sociedad. Este uso del lenguaje es propio de la edad y ha sido utilizado siempre por los jóvenes en situaciones informales y generalmente, dejan de manejarlo cuando se hacen adultos.

Sin embargo, hoy en día se evidencia la tendencia preocupante entre los adolescentes de emplear este mismo lenguaje informal, descuidado, aún en situaciones formales, que ameritan otro comportamiento. 

Entre los fenómenos sociales que contribuyen a expandir la jerga juvenil, encontramos, principalmente, los medios de difusión masiva. La radio y la televisión ponen en boca de sus jóvenes protagonistas frases y palabras que, en cuestiones de segundos, atraviesan fronteras y pegan, sobre todo entre el público adolescente, el más receptivo. 

También, con el surgimiento y propagación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación: Internet, los correos electrónicos, el chateo y los SMS o mensajes texto de celular a celular, se han producido cambios no sólo en la lengua oral, sino también en la escritura.  

Los jóvenes de hoy, para ahorrar tiempo en esta mensajería instantánea, o simplemente para divertirse, acortan las palabras, a veces de tal forma que pueden ser ininteligibles para aquellos no tan jóvenes, por ejemplo tmb (también), xq (porque) y ksa (casa).  

Estos mensajes escritos  violan con frecuencia las normas ortográficas  y  muchos expertos consideran  que eso  contribuye  a aumentar las faltas de ortografía pues se suprime la h, no se utilizan los acentos, ni los signos de puntuación. No  hay duda que estas deformaciones favorecen la pobreza léxica y desfiguran la lengua como efecto inmediato.  

Independientemente de la forma que emplean los jóvenes para comunicarse entre ellos, el tratamiento respecto a sus mayores también deja mucho que desear. En ocasiones, las normas que establece cada sociedad para relacionarse y convivir en armonía como los usos del usted, compañero, señora, doctor, profesor, decir los buenos días, etc., son omitidas por los adolescentes. 

Así, no es extraño que, al dirigirse en la calle a una persona mayor, los jóvenes le endilguen un tío o puro a cualquiera, sin reparar en las diferencias intergeneracionales que demandan un cierto respeto.   

Igualmente en las aulas, en ocasiones los maestros no reparan en la distancia que los separa de sus alumnos y se dirigen a ellos utilizando la misma jerga que sus estudiantes. Es deber de los educadores emplear  en la escuela la  lengua  culta, que es la adecuada  en esa situación.  Además, maestro no es solo quien enseña a leer, escribir, matemáticas, geografía, química o física. Maestro es el que prepara para la vida y debe ser modelo a seguir  en todos los sentidos  para sus alumnos; no solo  por su forma de expresarse, sino también por su forma  de vestir, de conducirse en la sociedad, etc.  

La música que se difunde en fiestas, lugares públicos y centros de recreación influye, asimismo, en la transmisión de la jerga juvenil. Algunos estilos musicales se caracterizan más que otros por el uso de letras groseras, chabacanas, así como por los gestos que hacen sus intérpretes y, por supuesto, estas letras acompañadas por ritmos y música generalmente pegajosos, contribuyen  a extender la grosería y la vulgaridad. 

Por tanto, la norma o lengua culta, que no es más que la forma de lengua socialmente aceptada como la más adecuada para los contextos formales de uso; aquella codificada en  gramáticas,  ortografías, el léxico que aparece como tal en los diccionarios, la lengua que se enseña en la escuela, la que está en los libros de texto, la que se debe difundir por los medios de comunicación, en la que escriben nuestros periodistas, escritores y científicos, debe ser socializada. Depende, pues, de cada uno de nosotros el hacer uso de ese derecho y deber, que no es patrimonio exclusivo de una  clase o capa social. Se puede y se debe hacer  mejor.  

En la transmisión y uso de esa lengua culta un lugar preponderante lo ocupan la escuela y los maestros, como encargados directos de la enseñanza de la lengua materna. Junto a esta, se encuentran  también los medios de difusión, la radio y la televisión,  por la enorme  posibilidad que tienen de llegar a todos los rincones, pero también la familia y  la comunidad. Es decir, es una labor de  toda la sociedad y no de un reducido grupo. Para los tiempos por venir, hagamos de este proceso de socialización de la norma culta del habla, un reto de comunicación.

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