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Comentarios Por Carlos Castro Cuentan que en los días de la guerrilla uno de los mochileros le dijo: "¡Comandante, cómo pesa esta mochila!". Y él contestó: "Sí, y ¡cuídala bien, que esa lleva mis libros!". También en eso coincidía con sus grandes amigos: Fidel y el Che Guevara. En su mochila estaban: Crónicas de la guerra, de José Miró Argenter, El Generalísimo, de Benigno Bouza y Biografía de Antonio Maceo, de José Luciano Franco.
Y es que a Camilo
Cienfuegos le apasionaba la lectura. Quienes le conocieron aseguran que
prefería los libros de historia. Buscaba sobre todo que trataran acerca de
China, Cuba, América y otros países. Su afán por conocer era inmenso y le
atraían mucho aquellos textos donde se contaba acerca de las guerras de
independencia. Por eso sabía tanto de José Martí y Antonio Maceo. Estas y
otras muchas revelaciones las hallamos en la obra De Camilucho a K100fuegos,
un hombre de leyenda. Es muy fácil de leer. Sus 32 páginas permiten acercarnos al hombre del sombrero alón que, con su inmortal sonrisa y amor patrio, se convirtiera en el Héroe de Yaguajay. Roberto Alfonso, Orestes Suárez, Jesús Rodríguez y Miguel A. Díaz Portillo (MAD) se encargaron de ilustrar los amenos y valiosos textos, reunidos en una cuidadosa selección hecha por Adela Moro Díaz. A todos ellos, así como a María Luisa García Moreno, Rosita Fong, Rafaela Valerino y la Casa Editora Abril les agradecemos este libro. Anécdotas CORAJUDO Y HUMANO COMO EL QUE MÁS ¿Poblano? Camilo no lo parecía, aunque nació y se crió en la ciudad; sus pasos largos y rápidos, a campo traviesa, por el agua o el fango, recordaban los de un campesino. Los hombres del Granma, de Alegría de Pío, de los llanos del Cauto o la Invasión afirman que era difícil seguirlo y cuentan que combatía de pie, protegido por el tronco de un árbol, alguna roca o apoyado sobre un carro. Todos están de acuerdo en que era muy valiente, a veces, demasiado. Durante una emboscada a tres camiones enemigos, después que lograron capturar los dos primeros, el tercero trataba de escapar: Camilo dejó su posición y le cayó detrás, desafiando los disparos como si fueran de mentiritas; su ejemplo se trasmitió a sus compañeros, que le siguieron. El vehículo se volcó; y ¿qué crees que hizo Camilo? Ordenó: "¡Alto al fuego!". Y junto a sus hombres ayudó a salir a los soldados enemigos, los desarmó y les brindó los primeros auxilios a los heridos. Así de humano era y, precisamente, por esta cualidad suya nació y se profundizó su amistad con el Che. El Guerrillero Heroico contaba que un día, en que fueron sorprendidos, en la retirada perdió la mochila. Al llegarla noche, cada cual comía su pequeña ración; pero el Che no tenía nada y Camilo, al percatarse de ello, compartió con él la única lata de leche que tenía. Castigaba severamente a quien violara el reglamento guerrillero. Al poco rato, si lo veía, jaraneaba con él y hasta le pasaba el brazo por encima, pero sin quitarle el castigo. REENCUENTRO CON LOS NIÑOS l 2 de junio de 1959, Camilo visitó la escuela no.105, de Lawton, en la capital, donde había aprendido las primeras letras. Allí recibió de manos de su antiguo maestro, Rodolfo Fernández, un donativo de los profesores y alumnos, con destino a la Reforma Agraria. Cuentan que entonces recordó su niñez y a los muchachos que, como él, agradecían a la escuela pública haberles enseñado el amor y el respeto a la Patria, así como otros importantes valores; también recordó que algunos de aquellos jóvenes perdieron su vida luchando por la libertad. Catorce días después, tendría otro encuentro con los niños en la Escuela Rural no. 8, de la Lisa, ubicada en la que fuera mansión de un esbirro de Batista. Al dirigirse a los escolares expresó: "La Revolución está consciente de que el futuro de la Patria depende de los muchachos que se forjan actualmente en las aulas. Es por ello que, pese al trabajo que tenemos en la reorganización del Ejército del Pueblo, nos preocupamos por la creación de más y más escuelas, para que ningún niño cubano se quede sin instrucción". Batista: Rubén Fulgencio Batista y Zaldívar (1901-1973). Sargento taquígrafo, fue copartícipe del golpe militar del 4 de septiembre de 1933, el cual capitaliza para sí y comienza una carrera de traiciones que lo lleva a convertirse en servidor del imperialismo yanqui. Derroca al gobierno de Grau San Martín en enero de 1934 y como jefe del ejército prácticamente se convierte en dictador de Cuba (1934-1938), reprimiendo a sangre y fuego todo movimiento popular de protesta. A partir de 1938, presionado por el creciente movimiento de masas y por la coyuntura internacional de lucha contra el fascismo, hizo algunas concesiones políticas y sindicales. Presidente de la república (1940-1944). Autor del golpe militar reaccionario del 10 de marzo de 1952, implantó una sangrienta dictadura (1952-1958), todo ello con el beneplácito del imperialismo norteamericano. Batista paga este apoyo con nuevas y onerosas concesiones a empresas y consorcios yanquis. Huye del país en la madrugada del 1ro de enero de 1959, al ser derrotado su régimen por la lucha revolucionaria de todo el pueblo, encabezado por el Ejército Rebelde, que dirigido por Fidel Castro desarrolla una poderosa ofensiva. |
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