NUEVA GERONA.— Para
Lisandra Borrás, niña de diez años, visitar la Feria
del Libro es una aventura donde se encuentra con sus
héroes de papel y rasga de la memoria los colores
mágicos, que deposita con manita firme dentro de las
líneas que marcan la silueta de la muñeca o el
pajarito en el libro para colorear, que hojea
sentada en el regazo de Grettel, trabajadora social
que compró su ticket al país de la fantasía.
«Ella es muy buena,
cariñosa y me trata bien», dice Lisandra, quien
junto a sus amiguitas Katty Ferrer (9) y Anisa Pérez
(10) disfrutan el primer día de la Feria
Internacional del Libro en la Isla de la Juventud.
Daily Rabelo Díaz,
trabajadora social con tres años en el Frente de
Atención a la Población Infantil aquí, reveló a
JR que esta
experiencia se aplicó por primera vez en 2008 con
gran aceptación por parte de los niños y sus
familiares.
«El Centro
Municipal del Libro, previa coordinación con el
programa, garantiza unos 50 ejemplares de literatura
infantil todos los días como regalo a los niños
cuyas familias no los traen por iniciativa propia o
simplemente sus economías no bastan para asumir los
gastos», comentó.
La más pequeña,
Katty, tartamudea nerviosa para expresar su alegría
de visitar el Pabellón Infantil donde además de
libros, juglares de la brigada José Martí
entretienen a los más pequeños con juegos y
canciones.
«Esto es una parte
de todo cuanto hacemos en el programa para mejorar
su calidad de vida; en cada escuela primaria y
secundaria del territorio existe un trabajador
social con el objetivo de detectar aquellos con
problemas psicosociales y aplicar la estrategia de
intervención que corresponda a cada caso junto con
sus familias.
«Sin embargo
—aclara Daily— no todos los padres cooperan con el
programa, en ese caso se recurren a todos los
factores de la comunidad: los Comités de Defensa de
la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la
dirección de la escuela del menor, los maestros e
incluso a los vecinos».
Los días de la
Feria se aprovechan para hacer realidad sueños e
ilusiones atrapadas en las páginas de un libro. Ese
es el propósito de Yunior Santines, trabajador
social que se ocupa de adolescentes a quienes
convida para adentrarlos en el mundo mágico de las
palabras.
«Trabajar con los
más grandes es complicado, hay que hacer magia para
convencerlos, pero aquí están conmigo motivados por
leer y me preguntan cuál título es mejor para
ellos».