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Historia
para un diario mágico
Por: Lieng-Sut Joó Lledó
Podríamos descubrir de repente el amor y darnos cuenta
de que somos capaces de emprender un largo camino para
mantenerlo y protegerlo, o quizás podríamos descubrir
que comenzamos a amar de otras formas y a otras cosas.
El chico de esta historia respira cada especia mezclada
con el limpio olor del desodorante y la excelencia de
las comidas que le cocina aquella persona de cabellos
blancos y mirada azul que es capaz de hacerlo dormir
sobre la palma de su mano, aún cuando no quepa en ella.
El amor y la compenetración con su abuela mueven cada
frase de este libro, donde se conjugan, además, las
maldades propias de la edad con los ingeniosos
personajes que a través de la fantasía le muestran al
chico los invisibles detalles que conforman a la
naturaleza; a respetarla, protegerla y amarla.
La validez de la enseñanza de este volumen no solo se
refleja en las peripecias y en la valentía que este
joven conquista, sino en reconocer que el valor humano
va más allá de lo que podemos observar.
Fragmento del libro:
Las arrugas que se le borraron de la frente aparecieron
alrededor de sus ojos azules, que brillaron pícaros. Dio
unos pasos, sentándose en la cama y me echó los brazos
encima. ¡Qué rico era estar así, acurrucado a mi abuela!
Era como si volara en un caballo por encima de las lomas
y de las torres del central azucarero que se ven desde
el portal. Mejor aún que nadar en el río compitiendo con
Efraín o aprendiendo a ordeñar las vacas con mi abuelo.
Quise ser tan pequeño como *Bell, para dormir en un
bolsillo de su bata de abuela y corretear por sus manos
callosas, amables.
El sueño empezó a regalarme sus bostezos y escuché los
pasos suaves de abuela hacia la puerta.
–Que sueñes con tu enamorada –pidió bajito, que es así
como se cumplen los deseos, y apagó la luz.
Esa noche por más que quise, no soñé con mi Claudia…
*
Personaje fantástico que aparece en la historia, con el
propósito de guiar y educar al chico de la historia. |