Un
tributo a lo sencillo
PUBLICADO: 19/10/09
Por Adry Rodríguez Collazo
A lo cotidiano, sencillo y natural, canta la autora Mildre Hernández
Barrios con su poemario Cartas de un buzón enamorado,
Premio Abril en el año 2005. A esas cosas olvidadas o menospreciadas
por comunes en la agitada vida cotidiana, nos remite con su prosa
refrescante e innovadora, que rompe con lo formal y trillado a la
hora de escribir para los jóvenes.
Detrás de unos poemas chispeantes de humor y simples en apariencia,
se esconde el tesón y la magia creativa de una autora que
ya cuenta con varios de los más codiciados premios de literatura
infantil y juvenil: el Eliseo Diego, el Pinos Nuevos, el premio
Abril, en tres ocasiones, La Rosa Blanca de la UNEAC, el Sed de
Belleza y el Regino Boti en el 2006.
Mildre tiene nueve obras publicadas: Vuela una sombra, Despertar
del viento, ¿Y la reina donde está?, Cuentos para
dormir un elefante, Días de hechizo, Noticias de Bruja, Cartas
celestes y Cartas de un buzón enamorado; pero nos sigue sorprendiendo
con cada nueva entrega, pues a pesar de ser una consagrada, mantiene
la frescura y originalidad de una novel autora.
Con Cartas de un buzón enamorado, no nos defrauda y entrega
al público una pequeña joya que se propone juvenil,
pero puede resultar reveladora y tierna para cualquier lector.
Dividido en tres partes, encontramos cartas y respuestas de personajes
famosos de la literatura y el cine, de insectos, plantas, animales
domésticos y seres mitológicos, acuses de recibo,
anuncios clasificados y telegramas, todo jugando de manera ingeniosa
con la jerga postal.
Es también Cartas de un buzón… una crítica
a la impersonalidad que imponen las nuevas tecnologías de
la comunicación, donde el e-mail trata de sustituir al correo
tradicional y se ha perdido incluso, la costumbre de enviar cartas
de amor; diatriba presentada desde el vacío, la incomprensión
y la tristeza de un buzón que, a falta de cartas reales,
se dedica a soñarlas y recrearlas para beneplácito
de todos sus lectores.
stoy
vacío. No sé porqué nadie escribe cartas. El
silencio de los novios entristece las mañanas. Se escriben
correos breves. Dicen “Te quiero” y ya basta, pero no
se cuentan nunca de qué color se vio el alba, cómo
fue el canto del río y si los gallos mojaban sus crestas
rojas de viento en el azul de las aguas, si el romerillo no crece,
si el cielo dejó en su cama a tomeguines que hicieron volver
alegres las casas, Ya nadie escribe de cosas pequeñísimas
y largas, como el susto del amor que nos sorprende de nada.
El Buzón
LA ÚLTIMA FIESTA
A Yoli
bsolutamente
todas las manecillas del tiempo llegaron hasta un reloj, a esperar
por el Lucero. Había vinos, manjares de nomeolvides, de viento…
Y adornaron las ventanas con pedacitos de almendros. Perfumaron
a los grillos. Y los cocuyos del pueblo, con ojos de eternas luces,
alumbraron los misterios.
¡Ay, qué fiesta tan callada cuando apareció
aquel cedro para anunciar que ya nunca verían a su Lucero!
Sus padres, que eran dos astros, enfermaron de recuerdos. La noche
perdió su brillo. Enmudecieron los predios. Y la fiesta se
tornó una espiga de silencio.
ANCLAR
Para Barquito
n
barco frágil le hacía cartas de amor a la orilla,
para llegar hasta ella y envolverla de caricias. Navegó contra
olas turbias que le robaron la brisa. Y la lluvia le borró
su olor a madera viva. En lo profundo del mar el barco pequeño
silba, con unas letras mojadas sobre su popa infinita, y una vela
hecha pedazos por una dolencia antigua. El mar lo envolvió
en su fondo, con remolinos, con ira. Él nunca llegó
hasta el puerto. Ella lo esperó tranquila, pero al ver que
no llegaba se le hizo arena la vida. |