El poncho:
patrimonio
tangible
PUBLICADO: 12/01/10
Por Gladys J. Gómez Regüeiferos
Fotos: Archivo
Vivas, desde sus raíces más
profundas, en la América Nuestra
se mantienen las culturas
precolombinas. El paso de los
siglos y la modernidad no han
destruido sus tradiciones, generación
tras generación, las han
preservado y constituyen hoy patrimonios
tangibles e intangibles,
no solo para sus países, sino para
toda la humanidad.
Bolivia es un ejemplo que causa admiración.
Allí, las diferentes comunidades
indígenas visten, a diario,
sus atuendos típicos y poseen para
las festividades y acontecimientos
relevantes de la historia patria, indumentarias
y ornamentos dignos de las
majestades del Imperio Inca.¹
Una de las prendas más comunes es el
poncho. Tejido con la lana de la alpaca
y la vicuña (preciados camélidos con los
que comparte su vida en la altiplanicie
andina), trascendió al mundo al ser usado
por la juventud progresista y del movimiento
hippy en los años 60 del siglo XX.
Ellos lo asumieron como símbolo de hermandad
con los pueblos autóctonos arginados.
Por su belleza y funcionalidad atrajo
el interés en las pasarelas internacionales de
la moda europea.
De estructura simple, cuadrado o rectangular,
con una abertura al centro para pasarlo por
la cabeza, se confecciona en telares manuales
y en su teñido se emplean tintes naturales extraídos
de las plantas.
En los Andes centrales del oeste de Bolivia se
encuentra el departamento de Oruro, situado
entre 3 500 a 4 000 metros sobre el nivel del
mar, rodeado de montañas nevadas. Sus pobladores
quechuas y aymaras se destacan
en el arte del tejido.
En esa región cuentan con cuatro típicos,
elaborados desde la época incaica:
un estilo para pagar impuestos,
otro para cumplir con las regla tradicionales; un tercero como
ofrenda ritual a su Dios y otro
como producto comercial.
Este último bajo la presión de
los colonizadores hispanos era
pedido en grandes cantidades,
para exportar, y por los maltratos
dados a los empleados
lo llamaron obraje; su efecto
negativo hizo que a finales del
siglo XVII, fueran destruidos los
talleres y solo se conservaron las
habilidades aplicadas, hoy en uso
en los pocos que sobrevivieron.
Los tejidos tradicionales son usados
en festejos y ocasiones especiales,
en particular las mujeres. Ellas tejen
sus ropas con la intención de atraer
a los pretendientes. En el caso del
hombre, cuando va a proponer matrimonio,
teje un cinturón con más
detalles para la mujer, si ella lo acepta,
entonces teje para él una bolsa de
coca². Cuando la pareja tiene un hijo,
esperan a que cumpla su primer año
de vida para cortarle el cabello, antes
de tejerle su primer traje.
En la capital, La Paz, se encuentra el
Museo de Textiles Andinos Bolivianos, allí
se exhiben el proceso de tejido, estilos,
textiles de diferentes culturas y regiones;
diseños iconográficos y una muestra
de tesoros nacidos de ruecas
y telares.
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