Las Cataratas del Iguazú, maravilla natural
PUBLICADO: 12/02/10
Por Adry Rodríguez
Foto: Archivo
Cuenta una leyenda guaraní que hace
mucho tiempo, habitaba el río Iguazú una
enorme y monstruosa serpiente llamada
Boi, a la que una vez por año, las tribus
debían entregar en sacrificio una bella
doncella para ganar su favor.
Para esta ceremonia llegó en una oportunidad
al frente de su tribu el joven cacique
Tarobá, quien al conocer a Naipí, la
muchacha consagrada al sacrificio, quedó
prendado de ella y decidieron escapar juntos
en su canoa por el río.
Enterado Boi, se puso furioso y encorvando
su lomo, partió el curso del río formando
unas cataratas. Envueltos por el torrente,
los fugitivos se precipitaron desde gran altura.
La joven india se convirtió en piedra,
debajo de la cascada, perpetuamente castigada
por el agua y Tarobá se convirtió en
palmera, ubicada al borde del abismo.
Debajo de la palmera hay una caverna
donde el vengativo vigila, eternamente, el
amor de sus víctimas…
Así se explican los nativos de la zona el
surgimiento de las Cataratas del Iguazú,
ubicadas cerca de la triple frontera de
Paraguay, Brasil y Argentina. Esta maravilla
natural cuyo nombre en lengua
guaraní significa agua grande, pertenece
a la vez a dos naciones: Argentina y
Brasil y forma parte de los respectivos
Parques Nacionales de los estados de
Misiones y Paraná.
Las cataratas están formadas por 275
saltos de hasta 80 metros de altura, entre
los que destaca la descomunal Garganta
del Diablo, un desfiladero con paredes
de agua de 150 metros de ancho
por 700 de largo. Fueron descubiertas
por conquistadores españoles en el siglo
XVI y desde entonces, cautivan al
viajero por la inmensidad de su torrente
dada la pequeñez aterradora que sienten
los hombres ante la grandiosidad
de la naturaleza y la magnificencia de
su entorno.
Todo el sistema de cataratas tiene un ancho
de aproximadamente 4 kilómetros,
lo que junto a su altura y volumen de
agua, las colocan entre las más grandes
del mundo. Su ancho supera cuatro veces
el de las Cataratas del Niágara, en los
Estados Unidos y Canadá. Desde 1984,
el sector argentino de las cataratas, el
Parque Nacional de Iguazú, fue declarado
Patrimonio de la Humanidad por la Unesco; mientras el brasileño, perteneciente
al Parque Nacional do Iguaçu,
recibió igual distinción en 1986.
Además, en las tierras de las cataratas,
las aguas son protagonistas de otro espectáculo:
la represa de Itaipú cuenta
con la mayor hidroeléctrica del mundo
en cuanto a producción de energía, testimonio
de la capacidad del ser humano
para alcanzar lo imposible y obra sin paralelo
en la ingeniería mundial. La hidroeléctrica
que comenzó a ser construida
en 1975, tiene una capacidad instalada
de 12600 megawatts, potencia dividida
en 18 unidades generadoras y puede ser
contemplada como un monumento al
talento creativo de la humanidad.
Asimismo, las cataratas del Iguazú están
entre los 28 semifinalistas que compiten
para ser declarados como nuevas
siete maravillas naturales del planeta. Su
atractivo imponente, que ha seducido
a los hombres a lo largo de la historia
y hoy convoca a más de un millón de
turistas por año, fue elegido por el panel
de expertos que seleccionó a los finalistas,
que también se inclinó por aquellos
destinos en los que la intervención del
hombre resulta menos visible. En este
sentido, las cataratas siguen rodeadas
de una naturaleza semi-virgen y su suerte
se definirá en 2011 cuando culmine
el concurso que puede reconocer a esta
maravilla natural de la América nuestra
entre aquellos parajes más bellos del
mundo.
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