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CIENCIA, TECNOLOGÍA Y MEDIO AMBIENTE


El hombre en la infinitud del cosmos

Walter Aguilar Elías, sociólogo y profesor universitario de la Universidad Nacional de Ingeniería, de Lima, Perú, nos ofrece una interesante reflexión y…
 
PUBLICADO: 17/08/10

“Si después no hay nada menor, estará de infinitas partículas formado el más pequeño elemento… Pues, aunque el Cosmos no tiene fin, hasta las cosas más pequeñas de infinitas partes estarán igualmente formadas”

(Lucrecio Caro: Sobre la Naturaleza de las Cosas, S.l. a.n.e)

La naturaleza, el hombre y la Sociedad, son formas determinadas de la materia en eterna transformación cuantitativa y cualitativa en el Cosmos Universal.

Federico Engels, ha escrito: Los Hombres no son ángeles caídos sino antropoides erguidos. Estas son verdades filosóficas, científicas e históricas.

El Hombre, ser social por excelencia, y su inteligencia histórica, constituye el más elevado exponente del desarrollo de la Vida en el seno de la materia universal, en esta latitud del Cosmos. Así, podemos descender en el universo de las finitudes a las metagalaxias, luego a nuestra Vía Láctea que se desplaza con 150 mil millones de estrellas; el Sol es una de las más pequeñas y con su sistema viaja a 800 mil kms por hora, la Vía Láctea lo hace a 1. 5 millones de kms. en el mismo lapso. Seguimos el descenso y ya estamos en el planeta Tierra, nuestra extensa y entrañable “casa común”, en la que no hace mucho tiempo surgió la vida y ella continúa su admirable desarrollo bajo infinitas formas.

En este singular descenso cósmico encontramos al Hombre avanzando en su luminosa trayectoria; él continúa humanizándose hasta poder conquistar la alta categoría de “Hombre Humano”; tenemos la certidumbre que este notable y espléndido suceso ha de realizarse después de varios milenios, tal vez duplicando el tiempo que hasta ahora tiene la Civilización. ¡Sólo entonces el Hombre será digno de su especie! Él habrá alcanzado así, en este lejano futuro una nueva y más profunda conciencia de su rol creador, descubridor y transformador de las nuevas esencias en fenómenos sociales aún insospechados, los mismos que han de determinar portentosos ritmos de ascenso en lo viejos y nuevos caminos de la Libertad, en los que la inteligencia humana, por vez primera, transitará su presente y su futuro sin la permanente sombra trágica de la Necesidad, la misma que ha angustiado al hombre en la milenaria agonía de su Civilización, y, en esta bella e intensa odisea continuará batallando con las dos formidables armas del intelecto y del espíritu: una inmensa e inmaculada moral social, y un soberbio espíritu que, necesariamente, nos conducirán al inefable goce estético de la belleza natural y de la belleza humana. Pues, la Moral y la Belleza, serán definitivamente como en Sacsahuamán, piedras angulares del alto quehacer humano en los milenios venideros. Es muy probable la existencia de otras formas insospechadas de humanidad en la innumeras latitudes del universo.

La comprensión más profunda y más exacta de los sucesos cósmicos más cercanos a nosotros la ha dado principalmente Albert Einstein con su genial Teoría de la Relatividad, que concibe el proceso dialéctico de la totalidad como una compleja unidad de la materia universal en eterno y colosal devenir Lavoissier, nos dice: La materia ni se crea ni se destruye sólo se transforma, ambos materia y movimiento, son los únicos contenidos del espacio y del tiempo, como formas absolutas de la existencia de la materia.

Ahora, consideremos las formas ascendentes del proceso inverso: desde la profundidad del Microcosmos (El electrón en su esencia inagotable), hasta el Macrocosmos (Las galaxias en número infinito). En nuestros días, y solamente hasta donde alcanza la mirada estelar del Observatorio Hubble, se ha confirmado la existencia de ¡ciento cincuenta mil millones de galaxias!

En esta grandiosa magnitud de la realidad cósmica, la pequeña Vía Láctea vuela a 36 millones de kms por día. Algunas galaxias alcanzan velocidades muy superiores; otras, de moderada velocidad registran 432 millones de Kms. por hora, es decir 10, 368 millones de Kms. por día. Y todo este maravilloso acontecimiento sideral ha transcurrido en forma casi inadvertida; de tal suerte que una persona de 40 años de edad (1967-2007), ha viajado en el cosmos infinito la friolera de ¡32732, 480`000,000 en 40 años! Otra vez. La relatividad; einsteniana nos conduce con su lógica estelar y en breve tiempo a latitudes jamás soñadas por el hombre del Sistema Solar, pero sí, probablemente, transitadas por más de 300 mil millones de seres humanos en lo que va de historia, y esto sin casi cerciorarse de ello. ¡Oh, dialéctica maravillosa, tu caminas con la Naturaleza y con el Hombre, con su Pensamiento y con la Historia!

Otros fenómenos singulares son expresados por dos categorías filosóficas-científicas, ambas opuestas y contradictorias: La Finitud y la Infinitud, indisolublemente consubstanciadas en la realidad objetiva del Cosmos; pues, la suma de todas las finitudes constituye la infinitud total y absoluta. Sin la existencia de las realidades finitas es categóricamente imposible la realidad de la infinitud. Por ello, la categoría filosófico-científica de infinitud es una concreta realidad y al mismo tiempo es una abstracción, porque se refiere a las características de las esencias, a la concreta singularidad de la finitud en su existencia en los planos de la idea, de la filosofía y de la teoría científica.

Así, lo eternamente caduco, se torna sin cesar y en simultáneos procesos natural y social, en eternamente nuevo. En estas formas profundamente esenciales, la Vida y la Muerte son momentos y estados cualitativos de los procesos de la transformación de las finitudes reales.

Juan, el Apóstol, escribe: Si el grano de trigo no muere queda infecundo, pero si muere produce mucho fruto. Y Goethe, nos recuerda: Todo lo que nace es digno de morir.


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