Broncéate, pero…
¿Sabes que el tono más o menos moreno de la piel tras la exposición al astro rey indica que ha funcionado un sistema de defensa ante la radiación solar?
PUBLICADO: 16/09/10
Por: Lucía Sanz Araujo
Durante el verano – que en Cuba no se limita a escasos meses- la incidencia del Sol es mayor en nuestras latitudes.
Entonces, por lo general las playas se atestan de un público ansioso de tomar un baño de mar y a la par broncearse para variar su apariencia; aunque si no se toman las debidas precauciones puede causar sufrir lamentables e irreversibles problemas de salud.
Mas, ¿sabes que el tono más o menos moreno de la piel tras la exposición al astro rey indica que ha funcionado un sistema de defensa ante la radiación solar?
La luz que nos llega del Sol está formada por radiaciones de distinta longitud de onda. La de mayor longitud de onda, que es la de menor energía, es la infrarroja (IR) que transmite calor y produce el envejecimiento de la piel. Por si solas no son agresivas, pero sí asociadas a radiaciones ultravioleta.
Le sigue la radiación visible, con una longitud de onda intermedia, portadora de luz y causante al igual que los rayos ultravioleta de reacciones de fotosensibilidad.
Por último, tenemos la radiación Ultravioleta (UV), con menor longitud de onda y mayor energía, compuesta por rayos ultravioletas A, B y C.
Si bien determinada cantidad de radiación UV resulta aconsejable para el organismo, muestra de ello es que provoca la síntesis de la vitamina D, el exceso no conduce a nada bueno.
Te aclaramos: los rayos del Sol provocan la formación de la melanina, pigmento responsable del color de la piel, así como de la coloración del iris de los ojos y del pelo en los mamíferos.
La radiación UV oxida el aminoácido tirosina, y a partir de ahí se forma la indolequinasa. Esta polimeriza, o sea, muchas moléculas de indolequinasa se unen, y el polímero resultante es melanina, esta asciende hasta la superficie de la piel toma el color oscuro.
Se sabe que este proceso comienza una hora después de iniciarse la exposición al sol. Tan pronto concluyen los baños solares la melanina empieza a destruirse al cabo de un mes, no obstante, cuando el bronceado ha sido intenso se nota incluso meses después. Los rayos UV–C son absorbidos por la piel y causan un gran crecimiento de la capa córnea de la epidermis.
Aunque la piel dispone de ese mecanismo defensivo resulta, imprescindible, tomar precauciones a fin de evitar su daño porque la radiación suele ocasionar, amén del bronceado, quemaduras solares, el envejecimiento prematuro de la piel como consecuencia de la degeneración de las células, del tejido fibroso y de los vasos sanguíneos, inducida por la radiación UV. Los efectos crónicos comprenden dos grandes problemas: los cánceres de piel y las cataratas.
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