La familia Santander, alfareros por herencia y por naturaleza
Si Trinidad conserva el encanto colonial por el trazado de sus calles y la típica arquitectura, las cerámicas producidas por la familia Santander lo comparte. Cada edición de la Feria Internacional de Artesanía (FIART), engalanan el stand de hermosas piezas, en cuya diversidad de formas y colores identificamos el sello distintivo de un quehacer secular.
PUBLICADO: 31/12/10
Por Gladys J. Gómez Regüeiferos
Fotos: Ismael Almeida
A la vista se percibe el oficio de moldear la arcilla, de saber exactamente, qué hacer para alcanzar un nivel estético loable en todas las obras, tanto utilitarias como decorativas.
Y es que a la familia Santander, de Trinidad en el centro sur de Cuba, la avala más de un siglo de tradición, desde que un emigrante español llegado a la villa en el año 1892, depositara en un joven el arte de la alfarería.
Bien aprehendido el oficio y la técnica, no tardó el discípulo en construir su propio taller en las afueras de la ciudad a la que nombró Fábrica de obras huecas y materiales de construcción de Modesto Santander.
Comenzó así los primeros pasos seguidos por Rogelio, hijo de Modesto, que se dio a la tarea de desarrollar el taller de su padre y con el paso del tiempo en convertirse en el Taller El Alfarero; quedaron atrás los materiales constructivos para dedicarse a la producción de jarrones, filtros, tinajas, macetas y porrones y así fue transmitiendo a los descendientes la pasión y el culto a la manufactura, en la actualidad distribuidos en cinco talleres en Trinidad.
Una escuela donde con orgullo el abuelo José Azariel Santander Alcántara, graduó a su hijo José Carlos y a su vez éste al nieto que ya ingresó en la Escuela de Arte y ya ha mostrado su talento con apenas dieciséis años de edad.
De los Santander hablan los premios recibidos por la calidad y permanencia de su labor en más de seis generaciones entre ellos el Premio a la Maestría Artesanal, otorgado por el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) en el 2006, lo cual legitima el aporte a la cultura nacional.
José Azariel y José Carlos, son miembros de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA), poseen estilos muy propios y han sido galardonados en ferias nacionales e internacionales y compartido en exposiciones. Sus cerámicas, en piezas exclusivas, han sido entregadas como premio a diferentes personalidades de la cultura la política y el deporte. Han ganado, también, espacio permanente en distintas galerías de arte de todo el país. Pero el premio mayor lo ha instituido la familia, con su consagración.
Los Santander poseen el orgullo de no haberle fallado a sus predecesores. En cada obra aflora la imaginación y la destreza de quienes viven compenetrados con el barro y le impregnan el pálpito vital que sale del alma creadora. Se advierte que no existen intereses contrapuestos, habituales entre generaciones, sino que se incorporan concepciones estéticas renovadoras conservando el sello familiar.
El secreto de las tonalidades conseguidas y el suave pulido de las superficies de estas joyas cerámicas despiertan la curiosidad, en especial el predominio del verde nilo, al respecto explicó Azariel:
La cocción de las piezas están sobre los 950º C de temperatura en un horno de maderas naturales, los engobe, diferentes colores de barro que se le da del primer barro que utilizamos antes de llevarlo al fuego, es una técnica de los bisabuelos. A los jóvenes le brindamos absoluta libertad para diseñar sus piezas: sonajeros, lámparas, ceniceros, platos decorados con el paisaje de Trinidad, hacer lo que a ellos le motive.
El abuelo tiene un sueño, trabajar en un proyecto comunitario para estimular e incorporar a otros jóvenes en el oficio. Una iniciativa que aplaudimos y pensamos que no debe postergarse para comenzar.
|