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Este sitio está dedicado a la 19 Feria Internacional
del Libro


Akeké y la jutía: síntesis del imaginario popular

Una de las novedades editoriales que en esta edición de la Feria Internacional del Libro propone la Casa Editora Abril, es la nueva impresión de Akeké y la jutía, un clásico de la literatura cubana a partir de ahora al alcance de todos.

Por Adry Rodríguez Collazo

Con gran afluencia de público y la presencia de destacadas personalidades de la cultura cubana como la Dra. María Dolores Ortiz, la poetisa Nancy Morejón, el Ministro de Cultura Abel Prieto y el propio autor Miguel Barnet, entre otros prominentes intelectuales, se presentó este miércoles en la Sala Alejo Carpentier de La Cabaña el fabulario Akeké y la jutía.

Las palabras introductorias estuvieron a cargo del dramaturgo Gerardo Fulleda León, quien calificó el volumen del también Premio Nacional de Literatura como: verdadera fiesta de los sentidos.  

Akeké y la jutía, del consagrado Miguel Barnet, texto simple en apariencia, pero de profundo contenido, está formado por casi cuarenta relatos y en sus páginas recoge, de la oralidad para la historia, aquéllas narraciones más significativas de toda la Isla que conforman y enriquecen el imaginario del pueblo cubano.

El libro concatena las leyendas de origen africano con otras legadas por nuestros ancestros hispanos y, tras su simplicidad engañosa, esconde bellas o ingeniosas fábulas con sus consecuentes moralejas, capaces de ser disfrutadas por todo tipo de público, desde las edades más tempranas, hasta los que ya adultos no podemos evitar sonreír con su sabiduría arcaica.

Escrito con un leguaje sencillo, directo, rico en oraciones cortas y que evita regodeos innecesarios que harían densa la lectura, Akeké y la jutía recoge la organización simbólica del mundo según nuestros antepasados, que dotaron de un origen imaginario a todo aquello que por sus limitados conocimientos de la naturaleza y sus leyes, no podían explicar científicamente. Así, nos encontramos fábulas que intentan revelar por qué el majá se arrastra, o el mono tiene fina y larga la cola.

Todo el libro, en su afán por acercar al lector contemporáneo con verosimilitud a historias fundamentalmente de los campos cubanos, está plagado de localismos y de la jerga propia de los campesinos. Por ello, no es raro toparse en sus páginas con que alguien se “arrascó la cabeza”, o se “fue pa’lla”, así como con multiplicidad de compadres y compay.  Además del lenguaje coloquial e informal, Akeké y la jutía incorpora otros elementos propios de los relatos orales: décimas, fragmentos de canciones, refranes y cánticos mágico-religiosos que le aportan belleza y musicalidad a estas fábulas, bien breves o un poco más largas, que tras más de treinta años de su primera edición, aún tienen el poder de sorprendernos y hacernos reflexionar.

  Los bueyes no se cansan
(Tomado de Akeké y la jutía, página 37)
Los bueyes no se cansan. Trabajan como bueyes y no, no se quejan.
El eje, sin embargo, pone el grito en el cielo.
Una vez el eje estaba descentrado por el agotamiento y empezó a chirriar:

  1. Cuich, cruak, cuich, cruak…

Artillero miró a Navegante de reojo y se le oyó el refunfuño:

  1. Fíjate, Navegante, óyelo que quejoso y nosotros que somos los que halamos la carreta no decimos ni esta boca es mía.

Navegante le devolvió la respuesta con un resoplido que levantó la tierra.
Ahora dice la fábula que así siempre pasa; los que más se lamentan son los que menos trabajan.