Entrega del Premio Nacional de Ciencias Sociales 2009
Tomado de Cubaliteraria
Un momento de júbilo de la 19ª edición de la Feria Internacional del Libro, Cuba 2010, fue la entrega —esta tarde del 13 de febrero, en la sala Nicolás Guillén— del Premio Nacional de Ciencias Sociales 2009 —máximo galardón que se otorga en el país anualmente a los humanistas en correspondencia a la obra de toda una vida y a la trascendencia de sus aportes a esas ramas del conocimiento científico—, al historiador y periodista Pedro Pablo Rodríguez López (La Habana, 29 de junio de 1946).
La ceremonia oficial fue presidida por Abel Prieto Jiménez, miembro del Buró Político del Comité Central del PCC y ministro de Cultura, y Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro.
Pedro Pablo, quien es además doctor en Ciencias Históricas e investigador titular del Centro de Estudios Martianos, donde dirige la edición crítica de las Obras Completas de José Martí, es un acucioso investigador sobre diversos temas de historia y pensamiento cubano, en particular, acerca del movimiento patriótico durante el siglo XIX, la vida y obra de Martí y Máximo Gómez, el pensamiento económico insular y las relaciones Cuba-Estados Unidos.
El doctor Miguel Limia David en las palabras de elogio calificó a Pedro Pablo de historiador de profesión y martiano de compromiso, actitud, sensibilidad y espíritu.
Acercarse a su conocimiento constituye una revelación de ética de trabajo, humildad, sencillez, sabiduría y profundidad del pensamiento. Impresiona lo mucho que ha hecho en la investigación y difusión en Cuba y en el extranjero del pensamiento cubano revolucionario; particularmente de la obra de José Martí, y la naturalidad del cubano de pueblo, común, con que se proyecta a la vida pública, con que nos habla en privado y se nos expresa desde los cursos de la Universidad para Todos, al mirar con transparentes ojos martianos al mundo de antes, de ahora y del futuro desde el centro de nuestro cosmos social.
Más adelante Limia aseguró que Pedro Pablo es un científico que lleva su conocimiento y lealtad a la Revolución, a todos y a todas partes:
Interactúa con multitudes, particularmente juveniles, desde Pinar del Río hasta Guantánamo. Su huella queda en el corazón y lo trasciende sin él pretenderlo. Universidades y diferentes escenarios extranjeros han sido espacios para la expresión de su pensamiento y resultados científicos, tanto en Europa como en América.
Por su parte el laureado, en las palabras de agradecimiento, aceptó el premio como un galardón para José Martí:
Buena parte de mi obra gira en torno suyo, sobre todo durante la última veintena de años, dedicados esencialmente a dirigir la edición critica de sus Obras Completas, quizás el esfuerzo editorial más complejo que se realiza en Cuba y el conjunto de investigaciones más variado y diverso que haya emprendido alguna vez. Más de uno de mis libros soñados no los escribiré con toda probabilidad; el tiempo de una vida no da para tanto, cuando de la monumental obra del Maestro se trata, y cuando la hemos emprendido y desarrollado en medio de los avatares del período especial.
Concluyó expresando con sentidas palabras su bienestar por el premio, «porque me siento querido y porque me ha hecho comprender que he realizado una modesta obra de amor. Gracias a todos, a ustedes, los que me escuchan ahora aquí, y los que tienen puesto su corazón junto al mío, que late un poquito más acelerado hoy por la emoción y el amor».