Todas las palabras de mis labios
PUBLICADO: 17/08/10
Por Addiley Palancar Guerra
Qué poeta no le ha dedicado unos versos al amor? Creo que ninguno, y aunque pudiera estar equivocada: quién niega que los hombres y mujeres que escriben poesía, pueden apartarse del amor que le tienen a la vida, a la literatura, en fin, a todo lo que les pueda provocar el legendario sentimiento.
Pues José Martí no constituye una excepción en el asunto. Para todos los cubanos es una verdad de Perogrullo la pasión del Maestro por la patria, la independencia y la América toda. Sin embargo, cuentan que en el amor de pareja Martí tuvo grandes y pequeños, efímeros y duraderos. Cómo iban a pasar inadvertidas en su obra poética, aquellas mujeres que hicieron palpitar su corazón, más veloz que lo cotidiano.
A Emma*
No sientas que te falte
el don de hablar que te arrebata el cielo,
no necesita tu belleza esmalte
ni tu alma pura más extenso vuelo.
No mires, niña mía,
en tu mutismo fuente de dolores,
ni llores las palabras que te digan
ni las palabras que te faltan llores.
Si brillan en tu faz tan dulces ojos
que el alma enamorada se va en ellos,
no los nublen jamás tristes enojos,
que todas las mujeres de mis labios,
no son una mirada de tus ojos…
*Según las Obras Completas, esta obra fue publicada con la siguiente nota de redacción en El Cubano. La Habana, 13 de marzo de 1888: Poesía. Ofrecemos a nuestros lectores la bellísima composición que dedicó a la simpática muda Srta Emma Campuzano, nuestro amigo muy querido José Martí, sobre cuyo talento nada decimos, pues ya sabemos los cubanos lo que vale este incansable obrero del pensamiento.
Carmen**
El infeliz que la manera ignore
De alzarse bien y caminar con brío,
De una virgen celeste se enamore
Y arda en su pecho el esplendor del mío.
Beso, trabajo, entre sus brazos sueño
Su hogar alzado por mi mano; envidio
Su fuerza a Dios, y, vivo en él, desdeño
El torpe amor de Tíbulo y de Ovidio.
Es tan bella mi Carmen, es tan bella,
Que si el cielo la atmósfera vacía
Dejase de su luz, dice una estrella
Que en el alma de Carmen la hallaría.
Y se acerca lo humano a lo divino
Con semejanza tal cuando me besa
Que en brazos de un espacio me reclino
Que en los confines de otro mundo cesa.
Tiene este amor las lánguidas blancuras
De un lirio de San Juan, y una insensata
Potencia de creación, que en las alturas
Mi fuerza mide y mi poder dilata.
Robusto amor, en sus entrañas lleva
El germen de la fuerza y el del fuego,
Y griego en la beldad, odia y reprueba
La veste indigna del amor del griego.
Señora el alma de la ley terrena,
Despierta, rima en noche solitaria
Estos versos de amor; versos de pena
Rimó otra vez, se irguió la pasionaria
De amor al fin; aunque la noche llegue
A cerrar en sus pétalos la vida,
No hay miedo ya de que en la sombra plegue
Su tallo audaz la pasionaria erguida
20 de mayo de 1876
El Eco de Ambos Mundos.
México, 23 de mayo 1876
**Carmen Zayas-Bazán e Hidalgo.
Según Alfonso Herrera Franyutti este poema fue escrito por Martí en días de inactividad literaria por encontrarse postrado en el lecho del dolor a causa de una grave enfermedad que recogió en las canteras de San Lázaro.
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