Martí y la utilidad de la virtud
PUBLICADO: 14/05/10
Por Rafaela Ambrosio Borroto
“No es la inteligencia recibida casual lo que le da al hombre mérito, sino el modo en que la usa y la salva”
En el Prólogo al libro de versos Ismaelillo, escrito por José Martí, nuestro Héroe Nacional, dedicado a su hijo José Francisco, en un momento muy difícil de su vida por problemas de salud y fundamentalmente por lo que ocurría a nivel continental, la Conferencia de Washington convocada por los Estados Unidos a los pueblos latinoamericanos expresó:
Hijo:
Espantado en todo me refugio en ti. Tengo fe en el mejoramiento humano en la vida futura en la utilidad de la virtud”
Hermosas palabras que nos convoca una vez más a acercarnos a la vida y obra del estimado como el más universal de los cubanos.
De su obra emana todo un caudal infinito de sentimientos y principios éticos y es que su amplísimo epistolario, ofrece una ferviente contribución a la formación de convicciones y valores que enriquecen la dimensión intelectual, moral y humana de sus destinatarios y de todos los que tenemos la posibilidad de acercarnos a ella.
La obra del Maestro es una valiosa herramienta para proyectar la vida futura en aras del mejoramiento humano.
Como ejemplo de lo antes expuesto queremos ilustrar con una de sus cartas, esta con fecha 18 de noviembre de 1894. Su receptor, el Doctor Juan Santos Fernández, considerado el Padre de la Oftalmología cubana y que asistió a Leonor Pérez, madre de nuestro Apóstol. Nótese que la misma es escrita a escasos meses del reinicio de la llamada “Guerra de Martí” por ser él alma de la misma y que estalló en febrero del año siguiente.
Desde el saludo hasta su despedida podemos percibir en la misma la gran sensibilidad de su autor y la confianza hacia el médico, al poner en sus manos el cuidado de su madre, que sufría de ceguera.
Con placer y satisfacción Martí reconoce que a pesar de los éxitos profesionales del Doctor y amigo, de haber recorrido el mundo, había mantenido sus virtudes y continuaba con el deseo de hacer el bien, al contrario de otros que envanecidos por la gloria olvidaban su esencia humana y le escribe planteándole:
“Gozo en agradecer y saber que en el viaje por el mundo no ha logrado sacar la piedad de su corazón”
Le agradece mucho lo que hace por su madre y le pide que se considere también su hijo.
“Trátemela bien, que ya ves que no tiene hijo, el que le dio la naturaleza está empleando los últimos años de su vida n ver cómo salva a la madre mayor”
En estas líneas emergen el amor intenso de Martí hacia su madre, pero más aún su profundo patriotismo, su incondicionalidad ante el conflicto de atenderla y el de salvar la patria, dejando lo primero en manos de su gran amigo, para obtener la libertad tan añorada por todos los hijos de la sublime tierra.
Queda demostrada la utilidad que tiene ser un buen hijo, un buen patriota pues lo pone en función de un objetivo supremo. Deja garantizada la situación de su madre al abrigo de una persona con virtudes extraordinarias, que la protegerá a pesar de no estar él físicamente, que lo comprendería y que de este modo poder continuar su empeño revolucionario y patriótico.
Por eso al finalizar su carta le dice.
“Tú no necesitas de palabras. Tú sabes quien es y con que ternura te quiere y recuerda tus bondades.
Tu amigo,
José Martí.”
Esta breve epístola nos queda como gran ejemplo de la amistad entre dos hombres virtuosos que unen sus cualidades en función de hacer el bien por el mejoramiento humano.
Hoy Cuba se siente orgullosa de que el paradigma martiano se vea multiplicado en nuestros médicos y la de los latinoamericanos formados en nuestras universidades, siembren las mismas virtudes que nos legó, junto a su amigo el Doctor Juan Santos Fernández.
El Apóstol continuará refugiado en su “Ismaelillo”, pero ya no espantado, sino tranquilo, sereno, porque en Cuba se encienden día a día cientos de miles de corazones que hacen útil la virtud.
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